domingo, 9 de diciembre de 2012

MOMO



Momo oder Die seltsame Geschichte von den Zeit-Dieben und von dem Kind, das den Menschen die gestohlene Zeit zurückbrachte

(Momo, o la extraña historia de los ladrones de tiempo
 y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres)
 *
SCHUBERT
31 de enero de 1797 - 19 de noviembre de 1828
 

*serenade*



ITZHAK PERLMAN



pianista:  Rohan de Silva





A las afueras de una ciudad italiana sin nombre, en las ruinas de un anfiteatro, vive una niña huérfana
llamada Momo cuya principal virtud es saber escuchar, escucha de una manera tan especial que es capaz de encontrar las respuestas a los problemas de quien habla con ella.
Tiene amistad con todos, especialmente con el barrendero Beppo y el guía turístico Gigi (también conocido como Gigi Cicerone o Girolamo).
Todas las tardes, muchos niños se acercan al anfiteatro para jugar, porque con Momo era imposible aburrirse. De vez en cuando, Gigi cuenta cuentos e historias increíbles.
Momo es muy especial, ya que arregla discusiones e inventa juegos, reconcilia a la gente, y todo esto sin hablar, sólo escuchando a los demás.

Esta atmósfera placentera acaba con la llegada de los Hombres Grises, trabajadores del Banco del Tiempo, que viven parasitando del tiempo de los hombres, su objetivo es robar el tiempo a las personas,  y convencen a la población de la idea de ahorrar tiempo (tiempo que puede ser depositado en el Banco y devuelto al cliente después, con interés). En realidad, hacen que la gente lo olvide todo, salvo su obsesión por ahorrar todo el tiempo posible para un hipotético uso posterior. Gradualmente, la siniestra influencia de los Hombres Grises afecta a toda la ciudad, la gente no tiene tiempo para los demás, menos Momo, que sigue en su anfiteatro. Pero ahora nadie la visita, nadie tiene tiempo.
La gente deja de hacer todo lo que se considera perder el tiempo, como el arte, la imaginación o incluso dormir. Los edificios y las ropas están hechos exactamente de la misma forma para todos y el ritmo de vida se torna ajetreado. En realidad, cuanto más tiempo ahorra una persona, menos tiene: los hombres grises lo consumen en forma de cigarros puros, hechos de pétalos secos de las flores horarias que representan el tiempo. Sin esos cigarros, los Hombres de Gris no pueden existir.


Momo, por su especial personalidad, se convierte en un obstáculo para los planes del Banco de Tiempo. Los Hombres Grises intentan infructuosamente deshacerse de ella. Momo, junto a la tortuga Casiopea (que se comunica con ella gracias a los mensajes luminosos de su caparazón, y que tiene el don de saber con media hora de antelación lo que va a ocurrir) emprenden el camino hacia el Manantial del Tiempo, donde vive el Maestro HoraSegundo Minucio Hora.

El Maestro Hora le dice que está en peligro, ya que los Hombres Grises la buscan. Esa búsqueda se debe a que Momo está arruinando el trabajo de estos y resulta una molestia. Momo se da cuenta de que la casa está rodeada de Hombres Grises que quieren entrar. Tiene que acabar con ellos para que todo vuelva a ser como antes y la única solución es, que El Maestro detenga el tiempo para que los hombres grises se queden sin reservas de tiempo y desaparezcan. El problema es que Momo tiene solamente una hora para abrir el depósito del tiempo.,

El Maestro Hora, detiene el tiempo y los Hombres Grises corren hacia sus depósitos para poder sobrevivir. Momo aprovecha el momento para abrir los depósitos y devolver el tiempo a la gente. Los Hombres Grises, al quedarse sin tiempo que consumir, desaparecen al instante.
Con el tiempo de vuelta a sus propietarios, todo vuelve a ser como antes.

* * *
Este libro tratado como literatura juvenil, casi infantil, abarca mucho más que eso. Lo protagoniza una niña que no tiene superpoderes ni es especialmente sobresaliente, lo que la hace más atractiva aún. A partir de ella, el autor reflexiona sobre el tiempo y el uso que les damos, criticando el consumismo y la concepción de la sociedad en que vivimos.
Nos muestra cómo la carencia de tiempo también implica menos tiempo para proyectar e imaginar. 

Las riquezas no sirven, nos explica Ende, si no pueden compartirse, y el aburrimiento es un mal frente al que tenemos que luchar. Es importante saber lo que se quiere hacer con el tiempo que dispone cada uno. 
Escrito a modo de cuento, está lleno de metáforas sobre el egoísmo y la codicia, personificados en estos hombres grises que pueblan la ciudad y es curioso cómo no se ha quedado desfasado pese a que han pasado más de cuarenta años desde que viera la luz.
Desde una perspectiva infantil, se libera de los prejuicios que podemos tener ya de adultos, y nos muestra la importancia de las cosas que hacemos, en qué invertimos nuestro tiempo y lo que nos va a reportar; en él tienen cabida sentimientos como el amor o la amistad, y es por eso entrañable a ratos. Son los niños quienes explican la situación a los adultos, y lo hacen con humildad y con sencillez en un texto casi mágico.
Muestra el peligro de verse seducido por los intereses ocultos de empresas que cuentan con el suficiente poder como para influir en el estilo de vida de la gente. En el mismo sentido es también una profunda crítica al modelo racional de concebir el tiempo, un modelo economicista que olvida esos pequeños momentos y sensaciones que sin tener valor económico, y por tanto, puedan parecer superfluas, son realmente importantes en la vida humana.



Michael Ende

Michael Andreas Helmut Ende

Garmisch-Pertenkirchen, Bavier, Alemania, 12 de noviembre de 1929
Stuttgart, Baden-Württemberg, Alemania,  28 de agosto de 1995
Escritor alemán especializado en literatura infantil. Hijo del pintor surrealista Edgar Ende, se crió en un ambiente bohemio, rodeado de artistas de todo tipo, lo que le influiría más adelante en el estilo de sus obras, heredando de su padre el gusto por la imaginería fantástica y por la extraña plasticidad de las imágenes.
Su vena artística fue encaminada en un principio hacia el teatro, estudiando interpretación durante tres años en una escuela en Munich, pero tuvo que suspender esta actividad pues fue llamado a filas en el ejército alemán. Después de un único día de preparación, fue enviado al frente, donde vio morir a tres de sus amigos el primer día de lucha. Desertó del ejército nazi esa misma noche, andando durante 80 kms, para volver a casa de sus padres. Se unió a un grupo antifascista durante la II Guerra Mundial y sus primeras obras fueron de carácter político

Las pinturas de su padre estaban vetadas por el partido nazi, se le prohibió exponer y fueron requisadas o estropeadas gran parte de sus obras. La economía de la familia Ende era bastante precaria y malvivían como podían.

Iniciada la década de los 50 empezó a escribir relatos infantiles y juveniles. Fue con la obra “Jim Botón y Lucas el maquinista”, de marcado corte fantástico y galardonada con el premio Deutscher Jugendbuchpreis como el mejor libro alemán del año para el público infantil,  con la que logra una gran repercusión y la que le dio una gran popularidad dentro de su país. Pero la crítica fue dura y rechazó frontalmente la publicación, pues tras la guerra, la corriente dominante era la del realismo.

Harto del ambiente generado en torno a él se trasladó a Genzano, un pueblo en las afueras de Roma, donde residiría toda su vida.

En esta localidad escribió obras como “Momo”(1973), galardonada con el “Premio de Literatura Adolescente de Alemania”, o “La historia interminable”, ganadora del premio Janusch-Kortschack, siempre enmarcadas en el género fantástico, que le dieron un impulso importante a su carrera a nivel internacional, y que fueron traducidas a más de cuarenta idiomas. Las dos obras fueron adaptadas al cine, aunque el escritor no quedó demasiado contento con el guión de esta última.

El primer libro cuenta las aventuras surrealistas de una niña, Momo, que se enfrenta a los hombres grises que le roban el tiempo a los hombres. El segundo es un libro que habla a su vez de un libro. El protagonista, Bastián Baltasar Bux, roba un libro y, cuando empieza a leerlo, descubre que el libro habla de él, y es absorbido -literalmente- por su trama.

Todos sus libros tienen títulos llamativos, como “El libro de los monicacos”, “Tragasueños”, “Jojo”, “El Goggolori”, o “El espejo en el espejo”.

* * *

 BLOWING IN THE WIND (Bob Dylan)

Peter, Paul and Mary


How many roads must a man walk down
before they call him a man
how many seas must a white dove sail

before she sleeps in the sand
how many times must the cannonballs fly

 before they are forever banned

the answer, my friend, is blowing in the wind
the answer is blowing in the wind


How many years can a mountain exist
 before it is washed to the sea
how many years can some people exist

 before they're allowed to be free
how many times can a man turn his head

 and pretend that he just doesn't see

the answer, my friend, is blowing in the wind
the answer is blowing in the wind


How many times must a man look up
 before he can see the sky
How many ears must one man have

 before he can hear people cry
how many deaths will it take till he knows

 that too many people have died

the answer, my friend, is blowing in the wind
the answer is blowing in the wind


*

12 comentarios:

Gatopardo dijo...

Un literato de lujo escribiendo cuentos.

Gatopardo dijo...

Lo de cuentos es un decir.

marian dijo...

Estos, mucho mejores que los que nos cuentan los políticos (por poner un ejemplo).

Estos son como "El Principito", para todas las edades.

Gatopardo dijo...

Por cierto, ¡que buena la serenata de Perlman!

marian dijo...

Muy buena,
yo la escuchaba desde antes de nacer:)

Gatopardo dijo...

As saliste.

marian dijo...

¿Con cara de baraja?, ya empezamos!

Juan Nadie dijo...

Lo siento, pero Michael Ende no es de los míos.
De todas formas, estupenda entrada, como siempre.

marian dijo...

Pero no lo sientas; aunque espero que la música sí te haya gustado (aunque no esté tu Dylan:)
Y gracias.

Juan Nadie dijo...

Me quedo con la Serenata de Schubert, aquella que destrozó en su día, creo que fue Al Bano.

marian dijo...

¿También se atrevió con la Serenata? ¿No tuvo suficiente con su "Ave María"?.
Desde luego.

Gatopardo dijo...

Y desgraciadamente con bastante éxito.