domingo, 9 de septiembre de 2012

BLANCHARD




El 6 de marzo de 1881 nace en Santander -Cantabria- -(España)- María Gutiérrez Blanchard.

Pronto empezó a mostrar grandes dotes para el dibujo y sus padres aceptaron su traslado a Madrid en 1902 para estudiar con el pintor Emilio Sala, cuya precisión en el dibujo y exuberancia en el color influirán en sus primeras composiciones.

Tras la muerte de su padre, en 1904, la familia se trasladó a Madrid y María continuó sus estudios de pintura.
En 1906 presentó su obra "La Gitana" a la Exposición Nacional de Bellas Artes. En aquel tiempo fue su maestro Fernando Álvarez de Sotomayor.
En 1908, entró en el taller de Manuel Benedito, al tiempo que daba clases al cántabro César Abín. El 13 de mayo de 1908 le fue concedida en la Exposición Nacional de Bellas Artes, la tercera medalla por su obra "Los primeros pasos".

En 1909 se trasladó a París, y es en la academia Vitti donde recibe clases de Van Dongen y de Hermen Anglada Camarasa, que orientan su trabajo hacia la libertad del color y la expresión, permitiéndole alejarse de las restricciones de la pintura académica en la que había iniciado su carrera. En la academia conoce y entabla estrecha amistad con Angelina Beloff, joven artista rusa, con la que en el verano de ese mismo año viaja a Londres y Bélgica, donde coincide con Diego Rivera. A la vuelta de su viaje, compartirá piso con ambos.
En esa misma estancia en París acude a la academia de la pintora rusa María Vassilief. Allí conoce el nuevo estilo que se estaba fraguando, el cubismo, practicado precisamente por la directora de la academia.
En 1910 obtuvo la Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su cuadro "Ninfas encadenando a Sileno".
Al concluir su primera estancia en París, pasa una temporada en Granada, pero decide regresar a Santander para solicitar otra beca a la Diputación y al Ayuntamiento de Santander, intercediendo por ella Enrique Menéndez y Pelayo; la Diputación le concede 1.500 pesetas para dos años.
En aquellos años su pintura está influida por el costumbrismo y el estilo de Camarasa y Joaquim Mir.
En 1910 se instala en París (con esporádicas y circunstanciales vueltas a España o viajes a Londres) en París y entra en contacto con las vanguardias imperantes en Francia.
Entabla amistad, trabaja y se ve influida por  Kees Van Dongen, que le acercó a la estética fauvista, Diego Rivera al expresionismo y Juan Gris al cubismo, entre otros.

Cuando estalla la I Guerra Mundial (1914), María Blanchard se encontraba en Mallorca junto a los pintores Diego Rivera, Angelina Beloff y Jacques Lipchitz. 
Ante la imposibilidad de regresar a París, el grupo se traslada a Madrid, donde María Blanchard comparte estudio con Diego Rivera, en la calle Goya, y se encuentra con los pintores Marie Laurencin, Foujita y el matrimonio formado por Robert y Sonia Delaunay.
En 1915 Ramón Gómez de la Serna organizó la exposición Pintores Íntegros, primera muestra de Arte de vanguardia que se celebró en el Salón de Arte Moderno de Madrid, y en la que participaron, entre otros, Diego Rivera, Agustín Choco y la propia María Blanchard. La exposición fue un fracaso y su obra "Venus de Madrid", hoy en paradero desconocido, causó un gran escándalo. Aquella exposición suscitó todo tipo de comentarios sarcásticos, burlas, y protestas, no solo por parte del público, también por parte de la crítica especializada del momento.

Obligada por la precaria situación económica de su familia, María Blanchard aceptó la cátedra de dibujo en la Escuela Normal de Salamanca, pero las burlas de sus alumnos respecto a su aspecto físico (joroba, cojera y enanismo) le hicieron abandonar la enseñanza y trasladarse definitivamente a París en 1912, donde se alojó en casa de su amigo Juan Gris y comenzó a integrarse en un nuevo movimiento artístico:
el cubismo.

En 1918 conoció al galerista Leonce Rosenberg, propietario de "L'Effort Moderne", y a los pintores André Lothe, Francis Picabia y George Braque. Comenzó a exponer y fue bien considerada por la crítica. Participó en exposiciones internacionales y su obra se incluyó en las muestras del Salon des Indépendants.

Pero María Blanchard fue abandonando poco a poco el cubismo e inclinándose hacia la figuración. Perdió el apoyo de Leonce Rosenberg y volvió a sufrir dificultades económicas, hasta que el mecenas belga Frank Flausch le ofreció un contrato mensual que le permitió seguir pintando y exponiendo.

Sin embargo, la alegría y la prosperidad duraron apenas unos años, ya que en 1926 muere su mecenas y amigo Flausch, y un año después su íntimo amigo Juan Gris. Distanciada de Juan Gris desde hace unos años, su muerte le provoca un gran dolor, que se transforma en un abatimiento general y un grave estado depresivo. A pesar de sus crisis, María sigue pintando incansablemente.
Todo ello acentuado por su deterioro físico, provocado por la tuberculosis, así como una carga añadida, la de su hermana Carmen y sus hijos, que buscan refugio en su casa. A pesar de todo, sigue sacando fuerzas para pintar, y vuelve a tener un marchante, Max Berger, director de la galería Valvin de París, y a un mecenas. Sus problemas económicos se resuelven, pero no así los de salud, por ello busca consuelo en la religión y se plantea entrar en un convento, pero es disuadida por su confesor.

A lo largo de sus últimos años trabaja incansablemente en la pintura y en causas sociales, rodeada de familiares, que si bien le llenan de amor y compañía, suponen una carga económica muy fuerte y un esfuerzo físico que minan su salud, lo que la lleva a caer en un delirio obsesivo, pintando flores de extraños colores.

María Blanchard fallece el 5 de abril de 1932 en su estudio de la calle Boulard, es enterrada de manera sencilla en el cementerio de Bagneux, acompañándola en su último viaje, Francisco Pompey, André Lhote, César Abín, Angelina Beloff, Isabel Riviére y parte de su familia; junto a ellos un gran número de indigentes y vagabundos a los que la artista había auxiliado a lo largo de muchos años.

No incluida en ninguna escuela cubista determinada, sus obras se acercan a un realismo figurativo matizado con la vertiente sintética y linealidad propias del cubismo. Alternándose, en su producción de los primeros años con cuadros de carácter y estética costumbrista. La temática de sus cuadros gira en torno a la figura humana, especialmente niños y la simbología desprendida por la maternidad, junto a algunos bodegones.

Blanchard le debe al cubismo su manera de organizar los planos y los ritmos de forma que acentúen el contorno de las formas, dándole un toque sensacional y único. En su etapa cubista no llegó a una total descomposición de la forma y se limitó más bien a tallarla en planos esquemáticos que prestaban a sus composiciones un gran rigor, pero también una fluidez no incompatible con una preciosa captación de la realidad. Blanchard concibe una obra muy personal en su paleta, en su construcción, en sus temas. Pero por encima de todo ello, está su libertad de creación. Trabaja con rigor, con sinceridad, con sentimiento, pero sobre todo trabaja en libertad. Se trata, pues, de un cubismo muy personal que se distingue por su rigor formal, su austeridad y el dominio del color. Con estas obras no solo alcanzará el éxito, sino también el reconocimiento de marchantes, críticos y artistas. No llegará a crear escuela, pero contribuirá al desarrollo del movimiento, con la misma categoría y entidad que los demás artistas de su generación.

Las figuras reciben un tratamiento lumínico característico: la piel está resuelta como manchas de colores contrastados que apenas se funden, proporcionando a los rostros una apariencia jaspeada, de vibración de luz y color. La peculiar coloración de las figuras de Blanchard les da un brillo especial, y no andaba errado Ramón Gómez de la Serna cuando lo consideró "sudor", aunque otros lo han descrito como más próximo a lo cristalino.
Niños o mujeres, estáticos o dolientes, juguetones o ensimismados, estos personajes parecen pertenecer solo al espacio-tiempo de María Blanchard: un lugar abierto a las emociones y a la visión de una domesticidad suave, añorada, pero también una pintura cuyo anclaje en una neta estructura debe mucho al cubismo.

Al observar sus obras llama la atención:

La riqueza del color, llegando a evocar en algunas de sus composiciones un cromatismo de ascendencia fauvista.

La forma de aplicar la pintura con espátula consiguiendo texturas con mucho relieve acentuado por la variación de ángulo en el trazado.

El dibujo es otro elemento fundamental en sus cuadros, desde sus años de formación, el dibujo es esencial.

Dibuja las formas perfilando bien sus planos, buscando contrastarlos con efectos de claro frente a oscuro, o bien de color contra color. Los perfiles quebrados de los planos siempre encuentran una definición neta, estructurándose con claridad, y en este sentido hablamos de un dibujo que, sin hacer uso de líneas, construye perfiles y separa formas, aunque a esa separación y construcción contribuyen en igual medida el color y la luz, un concepto cezanniano fundamental que el cubismo, sobre todo en su fase sintética, había hecho plenamente.

Blanchard vivió una época compleja, como artista y como mujer, que le obligó a duras renuncias, tanto en lo social como en lo material, para poder entregarse plenamente a la pintura, pero como otras artistas de su generación tuvieron suerte, pues hombres y mujeres conviven, son admitidos en las Academias, crean y exponen juntos sin atender a las diferencias de sexo, algo que no consiguió la mujer hasta finales de siglo XIX. En España hasta la década de 1870 la mujer no fue admitida en la Academia y hasta 1902 le estuvo vetado entrar en las clases de anatomía y de pintura al natural con modelo.

De Blanchard nos queda una pincelada furiosa y viva, que compone en un tono expresionista la técnica del cubismo. En sus cuadros hay una recurrencia hacia temas cotidianos, representados en intensos contrastes cromáticos.



"La communiante" (la comulgante) -1923-,  desde el 2012 permanecerá en depósito estable en Santander gracias a la generosidad de su propietario, un coleccionista privado de Cantabria.

Esta réplica de "La communiante" -la primera y famosa de 1914 se conserva en el Museo Reina Sofía de Madrid-, es una obra tardía respecto a la del museo madrileño, por cuanto María Blanchard la llevó a cabo en 1923 «para regalársela a su única discípula conocida, como consecuencia del formidable éxito que supuso la exposición en París en 1920 de "La communiante" del Reina Sofía".

Las réplicas de sus propias obras son habituales en la artista.





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 Tchaikovsky
 Valse Sentimentale
 Violinista: Josef Sakonov















































































































































































































































































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FEDERICO MOMPOU
Barcelona, 16 de abril de 1893 - Barcelona, 30 de junio de 1987


Canción y danza No 6

Pianista: Rob Marston






Retrato de María Blanchard -1921-
Autora: Tora Vega Holmström (Suecia 1880-1967)




15 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Me encanta mi paisana Blanchard. Una mujer que se codeaba con los cubistas en aquellos tiempos...
Oye, ¿no había más cuadros? ¡Qué barbaridad!

marian dijo...

No sé si hay más, supongo que sí:) Siempre me parecen pocos, de golpe es un empacho, lo sé, pero me cuesta quitar alguno, me parecería una barbaridad hacerlo.
Y María Blanchard lo merece.

Gatopardo dijo...

Deberíais de haber visto la Expo cubista de Blanchard celebrada recientemente en la Fundación Botín de Santander, pero claro vivir en los extrarradios culturales, es lo que tiene.....

Gatopardo dijo...

Por cierto, estas riojanas cuando dicen que van a poner un post como dios manda, échate a temblar.....

Juan Nadie dijo...

Hay un texto de García Lorca sobre María Blanchard que no tiene desperdicio, donde la llama jorobada, porque lo era, pero donde pone en valor todo su arte. Buscadlo.

marian dijo...

No me hizo mucho tilín cuando leí lo de Lorca sobre MB, sorry, lo leeré otra vez a ver si...
Paul Claudel tiene un poema dedicado a MB "Saint Tarsicius", que no encontré.

marian dijo...

Las riojanas, querido Gato, son como en todos los sitios, hay de todo. Pero, si la que escribe dice como dios manda, será, eso fijo.
Que todos los cántabros no sois Botín.

marian dijo...

Ah, y no fuimos a Santander a ver la Exposición por no hacerte gasto, porque a todo convidados: pago de entrada de la expo, comida, café, copa y puro. Así de majos somos los del extrarradio.

Gatopardo dijo...

Los Botín no reparamos en pecata minuta......

marian dijo...

Que por cierto, vaya apellido para un banquero...

Sergio DS dijo...

Gracias por darla a conocer. Disculpar mi ignorancia, era una total desconocida para mí.
Me ha apasionado su obra.

marian dijo...

No es para menos su obra ,Sergio DS.

marian dijo...

Y su historia también.

Xibeliuss Jar dijo...

Yo tampoco la conocía, y ha siso un placer. Se aprecian los inicios compartidos con Juan Gris y con Rivera, pero esa iluminación en las obras más figurativas es muy personal: a mi también me parecen más cristalizados que sudor.

marian dijo...

Es como si algunas figuras estuviesen enceradas; sabía muy bien cómo crear ese efecto.
Una excelente pintora y muy personal, que al final, es lo que queda.

Algunos toman vacaciones de millonarios:)