domingo, 10 de junio de 2012

COSAS DE CINE




“Hay mentiras que se deslizan y parecen grandes verdades. Una es, a mi entender, que la censura aviva, agudiza el ingenio,  como el hambre. Es mentira. El hambre produce avitaminosis y anemia. Y la censura lo que hace es castrar al tipo que debe contar algo. Porque hay cosas que no puede contar. Si fuera verdad que la censura aguza el ingenio, un padre para tener una mejor calidad en sus espermatozoides, se daría una martillada en un testículo, sería prácticamente lo mismo.”
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Rafael Azcona
(Logroño, 24 de octubre de 1926 - Madrid, 24 de marzo de 2008)
-Persona que merece un apartado especial, y lo tendrá, por varias razones.



De alguna manera, siempre se había asociado la censura con la creatividad, en el sentido de que avivaba el ingenio (qué remedio), y habiendo bastante de cierto en esa afirmación no dejaba de ser frustrante. 
Pero debido a aquella censura, el tándem Azcona-Berlanga nos ha dejado momentos e historias inolvidables en nuestra historia cinematográfica.



Desde que el cine es cine, la censura ha formado parte de él, y no ha sido así solamente durante  la dictadura de Franco, pues existía en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, continuó en la "dictablanda" de Berenguer y hasta en la 2ª República, ya que estando en el gobierno Lerroux, se prohibió la exhibición de la película de Buñuel "Las Hurdes, tierra sin pan" (1932) (pues reflejaba una imagen de España que interesaba ocultar).
El censor clásico, el del franquismo, siempre tenía unas preocupaciones claras y determinadas: evitar cualquier relación con la política, evitar los temas religiosos y los sociales.

El cine es un excelente elemento de propaganda, y la Censura es una de las principales herramientas que regula el pensamiento de las masas. En diversos países y épocas históricas, la Censura jugó un papel importantísimo, mucho más allá del de prohibir la exhibición de películas con temas tabú, sino el de adoctrinar a las masas.
La censura se podría definir como el uso del poder, por parte del Estado o de grupos influyentes, con el fin de controlar la libertad de expresión, criminalizando ciertas acciones y la comunicación de las mismas. En España, desde el final de la Guerra Civil, el cine ha sido uno de los medios que peor lo ha pasado a este respecto, por el temor que se tenía a su poder de influencia, al lenguaje transgresor de muchos cineastas y por ser un espectáculo destinado a un público mayoritario.
Bien es sabido que, finalizada la guerra, uno de los pocos modos de entretenimiento que tenían las familias más desfavorecidas era ir al cine los domingos, el día que resultaba más barato. Las películas podían, por tanto, ser recibidas por personas analfabetas (la mayor parte de la población en esa época); teóricamente, las más influenciables.
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La primera censura

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Debido a esto, a partir de 1939 se impone un tipo concreto de cine que apoye la dictadura, tras la salida del país de multitud de artistas. Un ejemplo de este cine sería la mítica película Raza (José Luis Sáenz de Heredia, 1942), impulsada por una idea del propio Franco, donde se idealiza la victoria franquista en la contienda.
En 1947 se crea el Instituto de Investigaciones y Experiencia Cinematográficas, que formaliza los oficios del cine, pero que permite un control mayor de la censura hacia sus miembros; una censura controlada por la Iglesia y el ejército, que llegó a paralizar rodajes y quemar copias de muchas películas.

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La dictadura reprimía antes y después

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En estos primeros años de dictadura, la censura se llevaba a cabo en tres pasos. En primer lugar, se presentaba el guión definitivo a los censores, que decidían si había que cambiar o eliminar algún pasaje. No obstante, sobre esto, el cineasta José Luis Borau afirma que a los censores se les colaban muchos goles: “Felizmente, no eran demasiado sagaces y a menudo no captaban la segunda lectura que había detrás de ciertos guiones”, haciendo referencia a su filme Mi querida señorita, para el que presentó un guión bastante “disfrazado” que no tuvo problemas.
Borau opina que las condiciones eran terribles, pero que había guiños que se les escapaban, como el final de Viridiana de Buñuel, que da a entender una relación entre una monja, su primo y la criada, de forma sutil.
Con el fin de evitar los cambios en sus guiones, muchos cineastas escribían guiones falsos, pero esto no era suficiente, pues el segundo momento de la censura venía durante el rodaje, en el que un delegado de los censores estaba pendiente de que lo que se rodara, estuviera en consonancia con el guión, y aquí no había “regate” posible.

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Franco aleccionaba a sus censores

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La tercera etapa censora llegaba con la película finalizada y montada, la cual era revisada por los censores, que la mandaban a Franco a veces. Según declaraciones del director Ricardo Franco, al caudillo y a su esposa les encantaba el cine, por lo que veían las películas, antes de ser estrenadas, en el Palacio de El Pardo, donde decidía el futuro de las obras, orientando a los censores en sus próximas actuaciones.
Con este método, la mayoría de las películas de Juan Antonio Bardem, sufrieron la censura en mayor o menor grado: Esa pareja feliz, Felices Pascuas, Muerte de un ciclista, A las cinco de la tarde, o Los inocentes y Nunca pasa nada, cuyos guiones fueron prohibidos y no se pudieron rodar hasta el aperturismo del Régimen en los 60.
El 90% de las producciones españolas durante la década de los 40 y 50, pertenecían al ciclo levita, un cine clerical (Misión blanca), o a una serie de filmes que exaltaban el nacionalismo (Agustina de Aragón, Los últimos de Filipinas), que recibían más ayudas y publicidad, y eran enviadas a los festivales.
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La peor etapa llega con Carrero Blanco

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A pesar de todo, en este período, la censura no realiza un control absoluto de la industria, pero cuando Carrero Blanco empieza a manejar la censura a través del Ministerio de Información y Turismo, se inicia una etapa nefasta para el medio, donde el peor lastre era la autocensura de los cineastas.
Es entonces cuando se cambian enteras muchas películas extranjeras, por el éxito que tenían, y otras son prohibidas (Emmanuelle, El último tango en París, La naranja mecánica, por su contenido erótico o violento), así que la gente viajaba hasta Hendaya o Perpiñán, donde las veían clandestinamente.
Muchos son los ejemplos de filmes extranjeros que resultaban “indeseables” para el Régimen. El caso más famoso es el de Mogambo, en el que un matrimonio hace un safari por África, pero la mujer se enamora del guía del viaje (Clark Gable); entonces, la censura decidió cambiar el doblaje, haciendo que los casados pasaran a ser hermanos, motivando con ello una relación incestuosa. En Doce del patíbulo, un militar norteamericano comanda una misión suicida con doce soldados, uno de los cuales es un mafioso italiano llamado Victor Franko; en la versión doblada, se cambió su nombre por el de Victor Frankie, por razones obvias.
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La tijera cortó muchas escenas de películas, pero otras se libraron.

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Muchas escenas fueron cortadas en la película Jesucristo Superstar. Al final de El ladrón de bicicletas y La jungla de asfalto, una voz en off (inexistente en la versión original) dice que, pese a que los personajes han obrado mal, Dios les acabó perdonando.
En el caso español, esto motivó un cine simbólico y lleno de guiños que escapasen a la censura, como en la famosa Bienvenido Mr. Marshall, que tenía que ser una película de propaganda española (en ella actúa una cantante de coplas, famosa en aquellos tiempos), pero en realidad supuso una ácida crítica de la situación. Berlanga, su director, muy temido por la censura, logró librarse del “tijeretazo”. El caso opuesto es el de Jess Franco, creador de filmes de alto contenido erótico, que se tuvo que marchar de España.


EL VERDUGO.
La impresionante película de Berlanga obtuvo el premio de la Mostra de Venecia de 1963, pero ello no impidió que el embajador español en Roma la calificase de propaganda comunista, para su pase en España se eliminaron 14 minutos.





Desde que el ser humano posee la capacidad de expresar ideas existe la censura. Sea cual sea el código utilizado para establecer una comunicación entre dos o más personas, siempre se corre el riesgo de discernir con el discurso y el problema se origina cuando la persona en desacuerdo con el mensaje posee suficiente poder como para hacer callar al emisor. Desgraciadamente, este poder se utiliza con demasiada frecuencia, agrediendo gravemente un derecho primordial del ser humano, como es la libertad de expresión.

El cine no es una excepción. Son innumerables las películas que han sufrido cortes en su metraje original bajo presiones políticas, militares o religiosas, llegando a no ser estrenadas muchas de ellas. Por si fuera poco, la complejidad del proceso de creación cinematográfico convierte este medio de expresión en uno de los más desprotegidos ante los ataques del censor, que puede actuar en cualquiera de las citadas fases dañando seriamente el contenido del filme (en caso de que llegue a ser exhibido). Y es que, un censor puede prohibir la edición de un libro o su distribución, pero no puede evitar que el autor escriba la obra. En el caso del cine, cualquier maniobra que se haga contra una película puede frustrar la existencia de la producción.


El censor justifica siempre sus actos esgrimiendo siempre el mismo argumento: el beneficio de la comunidad, la moral y las instituciones. Podríamos entonces teorizar que cualquier español que hubiera visto The boys in the band en el 71 se habría convertido en un homosexual recalcitrante. De la misma manera, cualquier uruguayo se hubiera convertido en terrorista tras visionar Etat de Siege de Costa-Gavras. Está claro que los argumentos caen por su propio peso, pero aún así, veremos algunos casos realmente sonados.


Cada país ha ejercido de manera diferente la censura sobre las películas que producía y también sobre las que importaba. En la antigua Unión Soviética, donde todos los gastos de producción eran sufragados por el Estado, se ignoraba completamente cualquier proyecto cuyo contenido se alejase de los dogmas estalinistas. El maestro Eisenstein tuvo que rectificar en 1928 el rodaje de Octubre ante la expulsión de León Trotsky del Partido Comunista, viéndose obligado a omitir cualquier alusión al personaje en una película que, en teoría, debía narrar la Revolución Rusa, donde Trotsky jugó un papel relevante.

En Hollywood, la Meca del cine, donde las películas se realizaban con capital privado, nace el Código de Producción, dirigido por William H. Hays, con la misión de limitar el contenido de las producciones norteamericanas en lo concerniente a temas como la droga, la homosexualidad, el racismo, los matrimonios interraciales y el sexo. El código, todavía vigente hoy en día, sería modificado posteriormente en pos de otorgar una mayor libertad. En la actualidad, su función es la de calificar las películas en función de la edad del público autorizado para verlas.
En 1947, iniciada la guerra fría, el temor de una URSS provista de armas atómicas provocaría un estado de histeria en toda Norteamérica. Cualquier atisbo de comunismo debía ser eliminado, así como las alusiones excesivamente críticas al sistema social. Por suerte, en Europa nunca se han radicalizado tanto las posturas, aunque también han existido casos de censura muy importantes.

Uno de los más conocidos es el protagonizado en 1972 por El último tango en París de Bernardo Bertolucci, interpretada por Marlon Brando y María Schneider. Esta historia de amor contenía varias escenas sexuales bastante atrevidas para la época. Fue instantáneamente prohibida en Inglaterra, Italia y España y sufrió cortes en muchos de los países donde fue exhibida. Paradójicamente, países como Dinamarca o Alemania habían eliminado cualquier tipo de censura respecto a temas sexuales. En Dinamarca, la pornografía se legalizó en 1968.
Otro caso digno de mención es el de España, se censuraron muchas películas durante la época del general Franco (1939-1975). Muchos españoles perdieron la oportunidad de ver las obras de Goddard, Bertolucci, Anderson o Corman. No sólo se prohibió la exhibición de determinados filmes o se mutiló su metraje original sino que, en un alarde de malabarismo retórico se cambiaron los diálogos de los personajes durante el doblaje. Por ejemplo, la surrealista anécdota protagonizada por Mogambo, de John Ford, donde los esfuerzos realizados por los censores para ocultar un adulterio cambiaron totalmente la relación de dos protagonistas. En España, el personaje de Grace Nelly no era el de esposa, sino el de hermana.

También fueron afectados directores y guionistas españoles durante esta etapa. Pese a ello, la pareja compuesta por Rafael Azcona (guión) y Luis García Berlanga (dirección) supo jugar con dobles y hasta triples sentidos, con un esperpéntico sentido del humor, para poder realizar filmes como El verdugo (1963) o Bienvenido Mister Marshall (1952), crónicas de tono satírico de la realidad del país en aquel momento.
En realidad, la censura actúa contra la integridad intelectual de cualquier producto y en el caso del cine, el espectador debe gozar de libertad para elegir lo que desea ver y verlo en su forma original y a ser posible, sin manipulaciones de ningún tipo.


La dolce vita (1960). La censura no permitió que Marcello Mastroianni y Anita Ekberg se desearan sin tocarse en La Fontana de Trevi. De los 167 minutos que dura la obra maestra de Federico Fellini, la censura no encontró ninguno que se pudiera proyectar en el cine en España. La película entera fue prohibida y después de muchos recursos de la Distribuidora y del Tribunal Supremo, ratificó en 1970
la prohibición, hasta su proyección en 1981.

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Elsa y Fred es una comedia romántica en la que Manuel Alexandre interpreta a Fred, un viudo hipocondríaco que a los 78 años acaba enamorándose perdidamente de su vecina Elsa, magníficamente interpretada por China Zorrilla, octogenaria actriz argentina de origen uruguayo que derrocha carisma y ganas de vivir en un papel que encaja y explota sus mejores atributos.
Elsa y Fred es una coproducción hispano-argentina de 2005, con guión y dirección de Marcos Carnevale.
Cuenta una historia sencilla, pequeña si acaso, pero hace pedazos el estereotipo común del abuelo, presentando dos personajes repletos de deseos y ganas de vivir, en una lograda mezcla de humor, emociones y cotidianeidad.
"La dolce vita" de Fellini hace las veces de hilo conductor o Maguffin argumental, en particular la famosa escena en la que Anita Ekberg arrastra a Matronianni a chapotear en la Fontana di Trevi.
Uno de los pocos papeles en los que Manuel Alexandre desempeñó el rol de protagonista y que le valió por primera y única vez la candidatura al Goya como mejor actor, premio que obtuvo en 2003 de manera honorífica al conjunto de su carrera cinematográfica.

Una película maravillosa,
la recomiendo para quien no la haya disfrutado:


ELSA & FRED:







MÁS PELÍCULAS CENSURADAS


por José Hernández


POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS


Prohibida hasta 1978 (es decir, 35 años).
Motivo: Cuando el bando Nacional ganó la Guerra Civil, automáticamente en España sólo se permitían las visiones de este conflicto que les pusiesen a ellos como los héroes y mártires, y a los ‘rojos’ como los villanos asesinos. Ese fue el motivo para prohibir esta cinta que sigue las desventuras de un inglés que apoya al bando republicano. Y eso que el contenido del filme está casi desprovisto de cualquier atisbo político por obra de la censura americana, el Código Hays, que también atacaba cualquier cosa teñida de grana. Vamos, que Franco no quería ver ni una versión light de la obra de Hemingway que le ponía a caer de un burro.


 LA CONDESA DESCALZA


En el doblaje, se cambió la traducción de multitud de escenas. También se cortaron otras, aunque sólo fuesen segundos.
Motivo: desde el adulterio hasta la Guerra Civil Española, y esta película los tocaba todos. Ava Gardner era una española fogosa que en una escena la explicaba a Humphrey Bogart las calamidades que había sufrido durante la guerra. Luego se casa y no para de ponerle los cuernos al marido con un joven latino apuesto, hasta el punto de quedarse embarazada de él, motivo por el que el marido se la carga; y se sobreentiende que Bogart es un gay en el armario (aunque eso no se podía decir ni en Estados Unidos).
Si bien la película evitaba los temas tabú, lo hacía sacrificando su coherencia. Los diálogos inventados por los censores son de dos tipos: o bien dan vueltas y más vueltas sobre algún tema previo mientras se habla del tema prohibido, o bien se inventan cosas que no tienen ningún sentido. Al final, ver la película doblada es renunciar a enterarse de lo que ocurre. Por otro lado, que el conflicto final cambie del adulterio a la impotencia del marido no la convierte en menos inmoral. Al contrario, la hace hilarantemente pervertida.


 EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS



Prohibida en España hasta 1978.
Motivo: Es una película que gira en torno al sexo salvaje sin compromiso entre una pareja de desconocidos. No había cosa que más repugnase al censor conservador, que normalmente estaba ligado a la Iglesia, que ver sexo y desnudos en pantalla.
Resultado: Contraproducente. El boca-oreja hizo que todo el mundo hablase de ella, dándole además una pátina de mito por el morbo extra que da lo prohibido en estos temas. Así que miles de españolitos, sobre todo de cerca de la frontera, pasaron a Francia para ver la película y restregárselo por la cara a sus amigos. Los cines de Perpignan hicieron su agosto hasta que el régimen se dio cuenta y comenzó a poner más controles fronterizos para evitar este éxodo cinematográfico-sexual.


SENDEROS DE GLORIA



La película, a pesar de su modesta recaudación, fue todo un éxito de crítica, siendo considerada aún hoy una de las mejores películas de Kubrick y un clásico intemporal antimilitar.
El hecho de que mostrara de forma descarnada la sucia realidad de la guerra, en la que a menudo la muerte de seres humanos sirve para satisfacer ambiciones personales y ascensos en la jerarquía de mando, la convirtió en una película extremadamente incómoda. El film fue considerado sobre todo un alegato anti-militarista y por ello no se exhibió ni en Francia, ni en España, ni en Israel, ni en las bases militares de Estados Unidos y acabó prohibiéndose en Suiza, amén de provocar numerosas protestas de organizaciones de antiguos combatientes en Bélgica.

MOGAMBO


Censura: De nuevo cambiaron el doblaje de multitud de escenas.
Motivo: Otra vez el adulterio, en esta lucha constante de los censores contra un tema excesivamente recurrente en el cine de Hollywood (y en el de cualquier parte, y en la literatura, y…). En este caso, Clark Gable se enrolla con Grace Kelly delante de los morros de su amante (Ava Gardner) y del marido de la futura princesa (Donald Sinden). La cúpula tijerera obligó a modificar el doblaje, convirtiendo a Grace y Donald en hermanos en lugar de una pareja aprobada por la Iglesia.
Resultado: Uno de los mayores ridículos que se recuerdan en términos de censura. Para evitar que los españolitos viesen un adulterio en la gran pantalla, lo convirtieron en un incesto. Los hermanos se besaban en la boca, se ponían excesivamente cariñosos entre ellos, dormían en la misma cama, él se mostraba posesivo y celoso con la relación entre Gable y Kelly… Y claro, los espectadores se quedaban a cuadros y algún visionario empezaba a pensar en niños extraños que tocan el banjo. Es una de las mejores muestras de la miopía intrínseca a un trabajo tan denostado y, en el fondo, innecesario. Tan centrados estaban en que no se violase su moral, que acabaron violándola ellos mismos de forma más grave incluso. Bueno, lo de más grave es un suponer, porque en estos círculos se mueve mucha hipocresía, mucho doble rasero y mucha perversión oculta…


 EL GRAN DICTADOR


Prohibida hasta 1976 (es decir, 36 años).
Motivo: Charles Chaplin tuvo los huevos suficientes para criticar a Adolf Hitler y el nazismo cuando todavía no se había vuelto moneda de cambio habitual, e incluso en algunos círculos estaba mal visto (recordemos que el filme es americano). Y por extensión, también criticó al fascismo y a los regímenes autoritarios que estaban imponiéndose cada vez más en Europa. Claro, eso a Franco le sentó como una patada en la boca del estómago, recién engordado por su victoria bélica y su ascenso al poder. Y si para más inri el objeto de burla era su buen amigo Adolfo, apaga y vámonos.
Resultado: Indiferente. La derrota del eje (Hitler-Mussolini-Hirohito) en la Segunda Guerra Mundial supuso un golpe mayor, tanto para el fascismo como para las dictaduras, que cualquier película humorística de un cómico que unos años atrás estaba dándose de tartazos con otros. Tampoco quiere eso decir que la podrían haber estrenado sin problemas. Esa forma de ridiculizar a figuras que desde El Pardo se tenían en mucha estima no podía ser positiva para un régimen en donde el pensamiento libre y la mofa a la autoridad eran motivo de cárcel o incluso de fusilamiento. Si se hubiesen tenido que cargar a todos los que se riesen con Hynkel, no habría quedado mano de obra disponible para los terratenientes y caciques.

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 VIRIDIANA

Censura: Prohibida en España hasta 1977 (es decir, 16 años). Y eso que era una película española y financiada por el Estado.
Motivo: Ingenuidad. Por parte del franquismo, claro. Como Luis Buñuel era lo más en el extranjero y el régimen quería demostrar que no era tan malo y que se estaba abriendo al mundo, llamó a don Luis y le ofreció la oportunidad de salir de su destierro mexicano y rodar una película en España. Y les rodó esta película sacrílega, obscena, crítica tanto con la burguesía y la clase acomodada como con la plebe analfabeta, que se mofa de la santurronería hipócrita de la Iglesia y mil cosas más. En la fase de guión ya le quisieron hacer correcciones, pero lo que hizo Buñuel es ignorarlas o emplearlas para hacer algo todavía más bestia. Su paso por el Festival de Cannes levantó la liebre de los sectores conservadores europeos, que le leyeron la cartilla a los españoles por haber dejado pasar tal cosa. Así que la prohibieron.
Resultado: Una de cal y otra de arena. Se llevó la Palma de Oro, lo que le valió al filme la difusión internacional que se le negó dentro de nuestras fronteras, y además le proporcionó a Buñuel otra casa donde le acogían con los brazos abiertos para financiar sus delirios antisistema y anticlero: Francia. Sin embargo, en España provocó un endurecimiento de las leyes de censura, que habían intentado flexibilizarse. Como se les había colado esta película, decidieron que durante unos cuantos años más iban a estar con mano dura, no fuese que los artistas se les subiesen a las barbas con tanta libertad.


LOS FANTASMAS DEL ROXY
 (Álbum: BIENAVENTURADOS -1987-)

JOAN MANUEL SERRAT






FIN



7 comentarios:

Juan Nadie dijo...

¡Qué auténtico, Rafael Azcona!, el mejor guionista cinematográfico que ha tenido este país, sin ninguna duda, y uno de los mejores del mundo (vaaale, Billy Wilder) y sin embargo descreído hasta de su propia valía, un fenómeno.

La canción de Serrat, para un cinéfilo empedernido, es una joya.

Acabo de ver este post muy por encima, y me he quedado con estas dos cosas. Lo leeré muy atentamente y comentaré algo más, seguro.

Gatopardo dijo...

Hermosa película Elsa y Fred.
Alucinante que nunca censurasen "Bienvenido Mr Marshall".
En lo de Azcona de acuerdo con Juan Nadie.

marian dijo...

Cierto Juan, así era Azcona. Me he dejado algunas cosas (es que el HTML y yo estamos reñidos).

La entrada es gratis, así que puedes venir cuando quieras y cuanto quieras (hay sesión continua), seguro que la entrada quedará mejor con los comentarios de un cinéfilo empedernido.

No te diré en dónde me inspiré para hacer esta entrada:)

marian dijo...

Es que Berlanga era más listo que el hambre, y los guionistas Mihura y Bardem, pues ídem de ídem.
¿La has visto Gato?, no la conoce casi nadie (que yo conozca), muy bieeen..

Gatopardo dijo...

Unas de mis películas favoritas, ¡qué para de actorazos además entrañables....!

Gatopardo dijo...

Si la tengo hasta en mi perfil...

marian dijo...

Yo la vi de casualidad, no la busqué, ni sabía que se había rodado. La vi en la tele hará unos dos años, me sorprendió, después ya la guardé en el joyero. Ayer la estuve viendo, pasando alguna escena.