martes, 30 de agosto de 2016

THRILLER - LA INVESTIDURA DE RAJOY



Mariano Rajoy irá a la investidura para presidente del gobierno el 30 de agosto sin los votos garantizados.



EL PROTAGONISTA 
 y algunas de sus vestiduras...













LOS SECUNDARIOS





EL OPORTUNISTA




VOLVIENDO AL PROTAGONISTA





















Próximamente en pantalla: PESADILLA EL DÍA DE NAVIDAD















jueves, 18 de agosto de 2016

SAUL STEINBERG



(Râmnicu Sărat (Rumania), 15 de junio de 1913 - Nueva York (Estados Unidos), 12 de mayo de 1999) 











Saul Steinberg fue un magnífico ilustrador y dibujante conocido por las portadas y dibujos que aparecieron en The New Yorker durante casi seis décadas y por sus dibujos, pinturas, grabados, collages y esculturas expuestas internacionalmente en galerías y museos.


Estudió arquitectura en Italia y tras varios años de represión fascista en el país, huyó a Estados Unidos, donde pasaría el resto de su vida.

En su imaginación pictórica, exploró los sistemas sociales y políticos, las debilidades humanas, la geografía, arquitectura, lenguaje y el propio arte.



 



Años antes de triunfar con sus portadas en la revista The New Yorker y de colaborar con los principales medios estadounidenses, Saul Steinberg publicó sus dibujos humorísticos en La Codorniz. La revista española, en su primera etapa dirigida por Miguel Mihura, recogía los trabajos de célebres ilustradores de la publicación italiana Bertoldo, entre ellos el de un joven rumano que había ido a Milán a estudiar arquitectura pero que se abría camino satirizando arquetipos y diseñando personajes. 



















Uno cree que ha entendido todo y, el instante siguiente, se da cuenta de que no ha entendido nada de nada o que ha olvidado eso que venía de entender. Uno entiende a través de la emoción. ¡Y qué alegría el día en el que por la primera vez entendí que entendía! Lo importante consiste a comprender que uno comprende, a comprender que tal cosa es posible y que, incluso si se pierde hoy, no está perdida para siempre.









 La idea (o mejor, la vena o la dirección), una vez puesta a la luz del día, ya no me parece tan nueva. Todo fue sucediendo como durante una búsqueda arqueológica: mi trabajo se limitó en realidad a exhumar un fragmento que se escondía y pertenecía lógicamente a otra cosa que ya me era familiar. Así, eso que yo creo haber descubierto, no era otra cosa que un elemento anterior del que yo había olvidado la existencia.



 Dibujando de manera cómica me desembarazo de mis terrores.











Sin haber beneficiado de ninguna formación artística propiamente dicha, había aprendido a dibujar trazando planos a mano alzada y consideraba el dibujo libre como un trabajo de pura invención, salido directamente de la imaginación. Y fue en ese viaje educativo que comprendí cuán difícil es reproducir la naturaleza en toda su realidad substancial, de captar la verdad intrínseca; eso exige mucho esfuerzo, compromiso del cual uno se sustrae por vagancia, inventar es infinitamente más cómodo, menos cansador.












Todas esas horas pasadas cada mañana, durante tantos años, buscando ideas, han salvaguardado en mí un vigor intelectual del que yo no disfrutaría hoy si hubiera continuado pintando paisajes y acuarelas, algo que puedo realizar tan cómodamente, como sin pensar.











 







 




















































El oficio de dibujante satírico, de humorista, es difícil. Sobre todo porque él debe convertirse en su propio corrector, con el fin de podar, podar, podar sin cesar. Una pintura, un collage al carbón, un paisaje, son para mí un placer comparados con el martirio que me impone la búsqueda de una idea y luego la necesidad de ejecutarla de la manera menos personal posible, ante el temor de que la imagen no sea accesible al público. Apenas levantado en la mañana, desde muy temprano, tengo delante mío un cuaderno y un lápiz y me pongo a dibujar. Entonces, qué debo hacer ? Si, qué haré ? El desasosiego es total, las ideas me abandonan…

"Ombres et reflets". Conversaciones con Aldo Buzzi










De vez en cuando, ciertos olores que desde niño no he vuelto a sentir, regresan a mí. No a la nariz, como un olor propiamente dicho, sino al cerebro de la nariz; olores vagos y precisos al mismo tiempo: olor de otoño, de determinadas tiendas, el olor al principio del invierno, del inicio del frío (... ). Sentir de nuevo aquel olor me gusta mucho, pero no es posible volver a evocarlo con un esfuerzo de voluntad. Sin embargo, a veces sucede que de golpe, por alguna misteriosa razón, la memoria de este olor regresa a mí.