Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2015

RECORDANDO A RAFAEL AZCONA




Al ser humano, cuando vive como grupo, no como individuo, lo que le gusta mucho es aturdirse. De otra forma no se entienden las verbenas. O el parque de atracciones, donde uno va y le centrifugan.

Rafael Azcona



El hombre que nos contó como nadie

por EDUARDO MENDICUTTI

No ha habido, en los últimos 50 años, nadie que nos haya contado a los españoles como lo ha hecho Rafael Azcona. Nadie nos ha 'narrado' mejor de esa manera. Nadie se le ha podido comparar en su modo de retratarnos tal como hemos sido, tal como somos. Nadie ha sabido mirarnos como nos ha mirado él, y nadie ha sabido narrar, como él lo ha hecho, lo que ha visto sobre nosotros. Y no me refiero sólo a la perspicacia de su mirada y a su talento para construir personajes e historias, sino a su empeño y su virtuosismo para narrar España no como escritor, no como novelista, no como autor dramático (aunque publicase alguna novela y estrenase alguna obra de teatro), sino, sobre todo, como guionista de cine, sin duda el mejor de los guionistas de nuestra cinematografía.

Alguna vez dijo que escribía guiones porque le resultaba más fácil que escribir novelas. Sin duda, era un modo afable y guasón de quitarse importancia. Es evidente que escribía guiones porque tenía una mirada privilegiada, una mirada capaz de verlo todo a la vez, capaz de vernos al mismo tiempo por dentro y por fuera, con nuestro presente y nuestro pasado, en nuestra intimidad doméstica y vecinal y en nuestro lugar en el mundo. Una mirada así exige volcarse en imágenes. Rafael Azcona nos miraba y veía sin duda un plano, un paisaje, un gesto, una voz, y confiaba después en la sabia complicidad de los demás: los directores, los actores, los operadores, los decoradores, los figurinistas, los montadores. Daba igual que la historia se la inventase él o que se la dieran inventada (adaptaciones literarias, argumentos ajenos, episodios históricos, crónicas de la vida real). Él las miraba y las devolvía enriquecidas, complejas, sugerentes, estimulantes.

Algunos de esos cómplices han sido de lujo. El primero, Marco Ferreri, aquel italiano que parecía que nos había parido: 'El pisito' (1958), 'El cochecito' (1960) forman parte incuestionable de nuestra biografía individual y colectiva. Después, y durante una etapa muy larga y muy rica, Luis García Berlanga: no hay mejor radiografía española que la que aparece en 'Plácido' (1961), en 'El verdugo' (1963), en 'Vivan los novios' (1970), en 'Tamaño natura'l (1974) y, más adelante, en 'Patrimonio nacional', o en 'La vaquilla'. Todas, historias realistas, pero llenas de honduras y recovecos en las que aparecían invariablemente nuestras entrañas, nuestras tripas, nuestras vísceras, nuestras hormonas. 

Nadie diría que era la misma mano que también escribió películas de Carlos Saura como 'Pippermint frappé' o 'Ana y los lobos', la misma mano, la misma mirada, que dio cuerpo a una historia como la de 'Un hombre llamado Flor de Otoño', de Pedro Olea, tan densa de oscuridades, y a las gozosas vicisitudes de 'Belle Epoque', de Fernando Trueba, o de 'La corte del Faraón', de José Luis García Sánchez… Una vida profesional tan rica, tan variada y tan dilatada no se puede resumir en un puñado de títulos citados un poco a vuelapluma, pero basta la muestra que acabo de mencionar para entender cómo era de atinada, de vivaz, de flexible, de inteligente, de ingeniosa, de rigurosa, de generosa, de sabiamente humorística («Sin el humor habríamos desaparecido hace tiempo», dijo) la 'mirada narradora' de Rafael Azcona. 

El cine español no se ha distinguido precisamente por el aprecio y el respeto al trabajo de los guionistas. La excepción ha sido Rafael Azcona. En Hollywood habría sido un dios multimillonario. Aquí ha sido el gran narrador de la España de su tiempo. Da rabia pensar que ha dejado de mirarnos.

http://www.elmundo.es/especiales/2008/03/cultura/azcona/








Con el cine no se evade nadie de nada: acabada la película, uno vuelve a su particular encierro; yo, de lo que abomino, es de esas películas en las que durante hora y media te torturan con problemas irresolubles, y luego, en los metros finales, la cosa se arregla por arte de birlibirloque para que nos vayamos a casa tan contentos. ¡Qué estupidez, esa del final feliz como garantía del taquillazo! ¿Lo tiene Romeo y Julieta? En cuanto a la utilidad del cine para mí y para el prójimo, supongo que, como la literatura, nos ayuda a conocernos mejor. Que ya es bastante.















En demasiadas ocasiones sucede que, al ser presentado a la gente, la gente, al enterarse de que yo nací en Logroño, casi se muere de la risa. Cuando las carcajadas se lo permiten, la gente me pregunta:

—¿Y cómo demonios se le ocurrió a usted nacer en un sitio tan raro?

La gente debe estar convencida de que Logroño es una fábrica de pastillas de café y leche. Yo —que conozco al prójimo— sé que no me serviría de nada explicar concienzudamente que Logroño es una ciudad, con sus casas, con sus hombres, con sus problemas de vivienda y con todo eso que deben tener las ciudades conscientes de su responsabilidad. Por eso, en lugar de referirme a estas cosas —que nadie se iba a creer, porque ¡bueno es el prójimo para creerse la verdad monda y lironda!—, voy y le explico a la gente:

—Yo nací en Logroño porque era el lugar más cercano a la casa en que vivían mis padres. Ya sé que a usted le haría mucha más ilusión el que yo hubiera tomado contacto con el mundo de Baltimore o en algún sitio así; pero ¿qué iba a hacer yo en Baltimore sin saber inglés? La cigüeña, abandonándome en un portal, me hubiera condenado a la muerte por hambre, porque ¿cómo iba a pedir yo la papilla y todas esas tonterías que piden los niños? Si hasta para solicitarlas en su lengua vernácula tiene el niño que vencer serias dificultades, imagínese usted las que yo hubiese tenido que remontar para pedirlas en inglés. Pero supongamos que una anciana miembro de la Sociedad Protectora de Animales, confundiéndome con un gato, me hubiera recogido. ¿Iba yo a alimentarme de cordilla? ¿Iba a ronronear? ¿Iba yo a despedir chispas en la oscuridad al ser frotado a contrapelo? ¿Iba yo a cazar ratones? ¿Iba yo a mayar la luna?

Al llegar a este punto de mi explicación, la gente ha trocado su contenida hilaridad por una gorda compasión. Yo, lanzado, insisto:

—Ya ve usted lo que me hubiera ocurrido de no nacer en Logroño. Vamos ahora con ese ataque de risa que le ha entrado a usted al enterarse de que yo nací allí. ¿Por qué demonios le hace a usted tanta gracia eso? Yo se lo voy a decir. Usted está acostumbrado a ver en las funciones de teatro de mucha risa a un actor que sabe decir Logroño con más salero que nadie. Este actor, que también sabe hacer reír diciendo pescadilla, y que muy pronto sabrá meterle la risa en el cuerpo diciendo acetate, le hace a usted partirse el estómago a carcajadas previo el desembolso, por parte de usted, del precio de la localidad. Muy bien: si yo le he hecho reír diciendo Logroño, es que yo soy tan gracioso como ese actor. Por lo tanto, lo que procede es que usted me dé cuarenta pesetas.

Casi toda la gente, al escuchar esto, me manda a hacer gárgaras, desde luego. Pero yo no me desanimo. Yo, siempre que ocurre lo que acabo de relatar, voy y pido las cuarenta pesetas.

Todavía no he entendido por qué no me las dan.

Rafael Azcona 
(Diario Pueblo, 9 de julio de 1955)






Entre 1952 y 1958, el periodo que transcurre entre su llegada a Madrid y sus comienzos cinematográficos. Rafael Azcona colaboró en diversas y variopintas publicaciones, pero lo hizo principalmente en La Codorniz, de cuyo equipo de redacción llegó a formar parte y donde escribió y dibujó con los seudónimos de Arrea, Az., Agencia Azcona, Profesor Azconovan y Repelente. 

En el diario Pueblo, entre el verano de 1954 y el otoño de 1956 publica un artículo semanal y un chiste casi diariamente.








RAFAEL AZCONA por ANTONIO MINGOTE

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: LUIS ALBERTO CABEZÓN

BELEZOS
REVISTA CULTURAL POPULAR Y TRADICIONES DE LA RIOJA
OCTUBRE 2011 Nº 017



Nos vemos en su piso madrileño de la calle Samaria desde donde tiene una vista privilegiada de Madrid. El motivo: recordar algunos pasajes de su vida junto al guionista a quien conoce al llegar a Madrid a finales del año 1951. El recuerdo y cariño hacia su amigo es permanente, tanto es así que en la entrada de su despacho tiene colgados dos dibujos que Azcona le regaló.

Mingote y Azcona, dos figuras relevantes de la cultura española contemporánea, dos emigrantes en el Madrid de los años 50, cruzan sus caminos en el Café Varela de la céntrica calle Preciados. A sus 92 años, el genial dibujante, escritor y académico de la lengua, hace esfuerzo por recordar esos primeros momentos.

Háblame de tus primeros recuerdos junto a Rafael Azcona, ¿cómo le conociste? Os presenta Carlos Clarimón… 
Ha pasado mucho tiempo y el recuerdo, en algunos detalles, es vago, pero sí está claro que Rafael Azcona, Carlos Clarimón y yo éramos grandes amigos y estábamos siempre juntos. Y sí, nos presenta Carlos. Íbamos juntos a todos los sitios: a comer, al café, al cine, a lo que fuera. A comer, obviamente, lo poco que comíamos en esos años. Existen muchas fotografías de los tres juntos, algunas de ellas publicadas. Mis primeros recuerdos con Rafael son, por tanto, los de estar siempre juntos.

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones de Azcona? 

Enseguida me hice amigo de él porque conectamos. Quizás fuera su manera de expresarse y por sus ideas. Tenía un carácter, un temperamento, muy afín a mí. Entonces, nos entendimos enseguida.

¿Quiénes os acompañaban en esos momentos, qué personas recuerdas?
En aquellos momentos íbamos al Café Varela donde había muchos escritores, periodistas y poetas. Los viernes se celebraba un evento denominado Versos a Medianoche. Allí hablábamos, reíamos, escribíamos… vamos, todo lo que hacen los amigos. Era un ambiente intelectual de donde salió muchísima gente de la cultura, entre ellos Manuel Alcántara, Eduardo Alonso, o el propio Rafael Azcona. Recuerdo un periodista muy simpático y gracioso llamado Álvaro Linares-Rivas que estaba mucho con nosotros y que luego se fue a vivir a León. Por cierto, en la novela Los ilusos, Rafael habla mucho de Álvaro, eso sí, con otro nombre.





Versos a Medianoche era el nombre que se daba a unos recitales poéticos concebidos por el industrial Eduardo Alonso en 1946. Estas veladas se celebraban cada viernes a las 23:30 horas en el citado Café Varela. Bajo una tarima, un tropel de versificadores declamaba sus rimas frente a un enfervorizado público. Antonio Mingote hizo el dibujo que ilustraba los programas. Ahí comienza tu relación con Rafael Azcona. Fueron 10 años de amistad continuada…


Sí, en esos años nos veíamos todos los días, a todas horas. Prácticamente, vivíamos en las cafeterías, allí dibujábamos y escribíamos; no solo a mano, sino a veces incluso a máquina.

Por tanto, en esos años 50 hacíais vida en los cafés: Varela, Comercial, Maraca, Marlin, Gijón, etc… 
El Café Gijón lo frecuentábamos menos. El Varela sí, luego el Comercial y el Maraca. Este último es en el que estuvimos más tiempo. Era un bar muy pequeñito y allí estábamos siempre solos.

Antes has citado que escribíais a máquina en cafeterías. ¿Cómo eran esos escritos? 
Son estupendas novelas que están ahí para que las lea la gente y las valore. En esos años 50 tuvieron un éxito enorme, y enseguida algunas de ellas fueron adaptadas al cine. A través de las novelas, además, Rafael Azcona entró en el cine gracias al italiano Marco Ferreri. 

Aparte de los cafés, tu piso de la calle Blasco de Garay era lugar de encuentro…
Sí, mi casa era un centro de reunión, era la única casa organizada que existía. Allí nos reuníamos, hablábamos, merendábamos y todas esas cosas; lo normal en unos amigos que se ven siempre. Y compartíamos los libros, lecturas, ideas, ilustraciones, proyectos… todas esas cosas que se hacen cuando se es joven. Eso sí, aunque
colaboramos alguna vez, ni Rafael ni yo ideamos ningún proyecto conjunto. Íbamos por libre.

Azcona me ha contado anécdotas sucedidas en tu casa. Por ejemplo, una temporada os dio por hacer monotipos, es decir, pintabais sobre un cristal y sobre él aplicabais una hoja de papel. Así rompisteis los cristales de bastantes ventanas. Otra anécdota es el lanzamiento de aviones de papel por la ventana y cómo el genial humorista Tono consiguió hacer uno que, en lugar de planear, caía al suelo como si fuera de plomo.
Rafael tenía mejor memoria que yo, aunque sí tengo vaga idea de lo que me dices.

¿Recuerdas dónde comíais?
En los últimos tiempos, íbamos a un restaurante económico llamado Riz, en la calle Apodaca. Allí comíamos bien. Y de ahí, pasábamos al Café Comercial, que está cerca.



                  Colaboraciones

Azcona trabajó en La Codorniz como redactor cada mañana y, como colaborador, un par de tardes a la semana. Allí escribía, dibujaba y maquetaba junto al redactor jefe Fernando Perdiguero. Más de 500 relatos y 300 chistes gráficos llevan su firma en los seis años que colaboró (1952-1958).

Azcona siempre te agradeció tu generosidad al llevarle a la redacción de la revista de humor La Codorniz donde colaborabas…
No recuerdo exactamente cómo fue la primera vez que Rafael vino conmigo a la redacción de La Codorniz. Supongo que él tenía algunos textos y echamos a andar para allí. Le presenté como amigo y todo fue muy natural; muy lógico: él valía, tenía mucho talento y, por lo tanto, conectó y lo aceptaron. Él se quedó a trabajar físicamente en las oficinas de La Codorniz pero yo no. Solamente pasaba por allí. A Rafael le gustaba dibujar. Yo le ayudaba con el dibujo. Le daba ideas. Por ejemplo, el repelente niño Vicente le ayudé a dibujarlo. Estuve en esos primeros momentos de su creación de lo cual, andado el tiempo, me congratulo. Él tenía muchas ideas e hizo unos dibujos muy bonitos. Podía haber sido un gran dibujante, pero realmente no lo cultivaba. En principio, su dibujo era muy elemental, pero lo suficiente para hacer aquellos dibujos tan graciosos del repelente niño Vicente.

¿Cómo definiríamos el humor que se hacía en La Codorniz? Burla las convenciones; destrucción del tópico, de la rutina, de lo establecido; contra la intransigencia (a favor de la tolerancia), la violencia (a favor del pacifismo, el diálogo), lo cursi (a favor de lo poético)…
Era surrealista, poético, abstracto, subterráneamente crítico porque ponía en ridículo todo lo serio y respetable. Se burlaba de las normas. En el discurso que hice para la Academia está todo.

Se refiere al discurso de ingreso en la Real Academia Española de 20 de noviembre de 2008 titulado: Dos momentos del humor español. Madrid Cómico - La Codorniz...

Volviendo al repelente niño Vicente…
Ilustración de Mingote
para la novela Los Ilusos
Es un personaje singular, un gran personaje del humor, una gran creación humorística. El repelente niño Vicente tenía una personalidad enorme. Como todo lo que hizo Rafael. Tenía un talento enorme e hizo cosas fantásticas. Podía haber hecho más, pero su éxito como guionista de cine impidió que fuera un gran escritor de novelas.


Aparte de la citada Los ilusos, tiene novelas fantásticas como Los europeos…
Sí, es cierto, pero si solo hubiera sido escritor, a lo mejor no hubiera tenido tanto éxito como tuvo como guionista. Como guionista fue fantástico. La mitad de la obra de Luis García Berlanga es de Rafael Azcona; la prueba está en que cuando el cine de Berlanga no tiene a Rafael, se resiente. Berlanga tenía talento y sabía hacer cine, pero sin Rafael no hubiera hecho las grandes obras que realizó, como Plácido, El verdugo o La vaquilla.

Para finalizar, otra colaboración vuestra poco conocida fue la caligrafía de los textos de “El malvado Carabel”, adaptación de la novela de Wenceslao Fernández Flórez que llevaste al cómic en La Codorniz. Además, fuiste su mentor en la revista Chicas…
Sí, con respecto a El malvado Carabel, yo hacía los dibujos y los textos los escribía él porque tenía una letra muy bonita. En cuanto a las colaboraciones con la revista Chicas le llevé a la redacción y su buen hacer y talento hicieron el resto.


COLABORACIONES AZCONA - MINGOTE

- Portadas de Los muertos no se tocan nene. Taurus Ediciones,1956 / Punto de Lectura, 2011.
- Portada de El pisito. Novela de Amor e Inquilinato. Taurus Ediciones, 1957.
- Prólogo de Rafael Azcona para Mingote, pequeño planeta, 1957.
- Caligrafía textos “El malvado Carabel” en La Codorniz.
- Portada e ilustraciones de Los ilusos. Ediciones Arión, 1958 / Ediciones del Viento, 2008.
- Cartel película El pisito (1958).
- Press-book de El cochecito (1960).
- Cartel película Los nuevos españoles (1974).
- Artículo “Madrid, años cincuenta” de Rafael Azcona para el libro Retrato de Antonio Mingote. Círculo de Lectores
S.A., 1987.
- Cartel de la película Los muertos no se tocan, nene (2011).







Carta a un pariente pobre

QUERIDO PARIENTE: He de poner en tu conocimiento que ayer tarde, tu chico, el pequeño, el que pide limosna por las calles, ha tenido la desfachatez de saludarme. Sí, de saludarme, y no respetuosa e inteligentemente, sino con mala intención: iba yo con un señor muy importante, y tu chico, esa mala bestia, se ha acercado a mí y me ha dicho: «Hola tío, buenas tardes». ¿Te imaginas qué rato he pasado? He tratado de disimular, y le he dado la peseta, pero el sinvergüenza de él ha insistido: «Gracias, tío. Si no manda otra cosa, me voy a seguir pidiendo un poco, que tenemos que comprarle penicilina a mi madre».

Querido pariente: esto no se puede consentir. Yo soy un hombre bien relacionado y las gentes no deben saber que tengo unos parientes dedicados a la mendicidad. Si se enteran, me retirarán su saludo, no querrán negociar conmigo, vendrá mi ruina y, por tanto, el día de Navidad no os podré dar el aguinaldo que, como tú sabes bien, en ese día no os ha faltado nunca, porque yo soy un hombre de bien y comprendo que en las fiestas navideñas , más que en ninguna otra, todos debemos sentirnos hermanos.

Espero que prohíbas a tu hijo que me salude por la calle, también si no pide limosna, pues va vestido andrajosamente, padece un eccema asqueroso y, por si esto fuera poco, tiene un aire de tonto que no puedo soportar. Comprende que una cosa es la familia y otra el descrédito; no sabes la de malabarismos que he tenido que hacer para convencer al señor que me acompañaba de que tu chico era un loco. A vosotros os conviene más que a mí que estas cosas no se vuelvan a repetir; recuerda lo del aguinaldo, piensa que el año pasado os enviamos garbanzos, arenques, higos secos y hasta un cuarto de kilo de turrón variado, y no hablemos de todas las prendas que, aun siendo usadas son ropas buenas y elegantes, continuamente os envía mi señora.

Atiéndeme;  de lo contrario daré parte a la policía y enviaré a tu chico a un reformatorio. Por su bien, naturalmente. Cordiales afectos.

Azcona
La Codorniz 
Nº 881, 5-10-1958


















Peluquería de lujo

ENTRÉ EN LA PELUQUERÍA DE LUJO con la esperanza de que en ella atendieran mis deseos de no ser sometido a la tortura y a la afrenta de la máquina rapándome el cogote. Apenas me senté en el sillón, se acercó a mí un señor muy fino y muy correcto que me sometió a un interrogatorio:

—¿Desea el señor?
—Que me corten el pelo con unas tijeras, sin raparme el cogote con la máquina...
—¿Lavado de cabello?
—No.
—¿Afeitado?
—No.
—Loción?
—No.
—Muy bien... ¿Qué tipo de conversación desea el señor?
—¿Cómo, cómo dice?
—Nuestros oficiales peluqueros dominan diversas materias de gran interés y podemos ofrecerle aquel que más afín sea a usted en gustos, preferencias y aficiones... ¿Toros? ¿Fútbol? ¿Zarzuela? ¿Bulos? O, ¿acaso desea el señor algo más elevado? ¿Filatelia? ¿Política internacional? ¿Pintura? ¿Economía?
—Mire... A mí me corte el pelo con las tijeras y sin meterme la máquina en el cogote y en paz...
—A sus órdenes, señor... ¡Rodríguez! Que venga el especialista en ideas sobre la paz...
Inmediatamente se presentó a mi lado un peluquero de aire distinguido que desplegó ante mí un paño acabadito de sacar del autoclave. Me lo colocó con gran cuidado, y comenzó a cortarme el pelo y a hablar:
—Es evidente que la paz está en peligro... Creo, con el permiso del señor, que solo un organismo internacional con la fuerza armada suficiente para defender sus decisiones sería capaz de estabilizar en el mundo una situación pacífica... Acaso también pudiera prestar este servicio a la humanidad un superestado que por su potencia impidiera las conflagraciones... Claro está que tal solución es patentemente injusta, pues hay que considerar...
Yo le oía perplejo. Le oí durante quince minutos. Cuando me retiró el paño, no pude contener mi curiosidad:
—¿Cómo sabe usted tantas cosas sobre la paz?
—Soy diplomado en Ciencia, Teoría y Alrededores de la Paz, señor... Y además pasé la niñez en Suiza... A sus órdenes, caballero...
Salí de la peluquería. Cuando me vio mi novia, me dijo:
—¡Vaya! ¡Ya te han rapado otra vez el cogote!— Y era verdad.

AZCONA
La Codorniz
Nº 788, 23-12-1956




Si los ingleses no fueran flemáticos

(LA ESCENA REPRESENTA ESE sitio de Londres en el cual hay bastantes tipos que, subidos en una silla, pronuncian discursos como quien lava. Un grupo de ingleses atiende, sucesivamente a los distintos oradores).

ORADOR ANARQUISTA.— ¡Pueblo! ¡Hay que derribar de sus pedestales a los falsos ídolos! ¡Revolución y bombas a tutiplén! ¡Atentado y tente tieso! ¡Al asalto, a las barricadas, a la defenestración y a todo eso! ¡No queremos que nadie coarte nuestra libertad! ¡Lapidemos a...! (El grupo de ingleses, que ha ido entrando en calor, se quita las chaquetas y los hongos, y la emprenden a golpes con el orador, que da con su cuerpo en tierra, donde es aparagüeado violentamente).

ORADOR REACCIONARIO.— Hermanos... Paz y concordia... La revolución es un disparate tremendo y peligrosísimo... Evolucionemos, evolucionemos lentamente, siempre apoyados en la venerada tradición... Dejemos para otras gentes la violencia, y pongámonos nosotros en manos del respeto al poder constituido, que es tan bueno y que nos quiere como un padre... (El grupo de ingleses se pone las chaquetas y los hongos, agarra sus paraguas, adquiere palomas a las que da suelta, pinta grandes pancartas que dicen: «¡Viva el Lord Mayor», «Viva la reina Victoria», «Viva el orador», «Viva el fiscal», y cosas así. Luego, todos hacen una suscripción y le compran al orador un Jaguar último modelo).

ORADOR APOCALÍPTICO.— ¡Miserables! ¡Cubrid vuestros frentes de ceniza, revolcad vuestros groseros cuerpos en el polvo, daos pellizcos en los ojos, porque el día de la condenación está próximo, y las trompetas justicieras van a oírse de un momento a otro! ¡Huid de la vanidad y consagraos a la expiación! (El grupo de ingleses se llena los cabellos de ceniza, se tira sobre el polvo del camino, se pellizca los globos oculares y se golpea con ramas de árbol furiosamente, mientras profiere terribles gritos de terror y de arrepentimiento).

ORADOR CHIFLADO.— ¡Oídme, vosotros, los animales que osáis tener nariz para oler y pies para andar! ¡Soy el descubridor de la Nueva Verdad, y estoy obligado a revelarla! ¡El hombre no vive de oxígeno, sino de pastaflora; ni camina porque es grávido, sino que tiene dientes! ¡Escuchad la voz de la Nueva Verdad! ¡Sabed que la salvación está en dejar de respirar el oxígeno, que es malsano, y en volar como pájaros, que es lo bueno! (El grupo de ingleses se sube a los árboles y a los monumentos, deja de respirar y se lanza al espacio. Todos los agrupados perecen, pues el que no se muere del golpe se muere de asfixia. Sobre ellos cae el orador haciendo: «Pi... Pi... Pi...» como si fuera un pájaro. Pasa por allí un policeman, el cual en lugar de hacer como ahora, o sea, llamar al Yard y decir muy serio que ha ocurrido un sensible accidente, se echa las manos a las sienes y sale gritando: «¡Una catástrofe, una catástrofe! ¡Policía, Policía»).

AZ.
La Codorniz
Nº 779, 21-10-1956





miércoles, 16 de mayo de 2012

SON RISAS








SEÑORÍAS: SE SUSPENDE LA CECIÓN





EL GOFRE DE SU VIDA






¿QUÉ FUE DE LA GUERRA FRÍA?


Sucedió en 1995 en Nueva York. Los presidentes Bill Clinton y Boris Yeltsin tenían una cumbre antes de su aparición en las Naciones Unidas. Ambos líderes estaban tratando de llegar a un acuerdo sobre Bosnia, aunque persistía un fuerte desacuerdo.
Según fuentes cercanas, ese día, Yeltsin (ya conocido por su tendencia a la bebida) se había pulido una botella de vino en el almuerzo e insistió en tomar alguna copa después de la comida. No quería ningún tipo de postre, sino que quería coñac. Más tarde, cuando comparecieron ante la prensa, Yeltsin se lanzó al ataque de un periodista que afirmaba haber predicho que la cumbre con Clinton sobre Bosnia sería todo un desastre.
“Ahora, por primera vez, te puedo decir que tú sí que eres un desastre”, dijo, señalando directamente a la cámara.
Hubo una breve pausa, y luego Clinton se echó a reír a carcajada limpia. ”Sólo asegúrese de obtener el derecho de atribución,” dijo, refiriéndose al periodista. Y siguió riendo a pierna suelta hasta que finalmente Yeltsin se unió al desparpajo.




ENTRE TONO Y POLITONO DE RISAS...
 LA MINISTRA,











sábado, 31 de marzo de 2012

BROMAS MUSICALES






MozART group, (en polaco Grupa MoCarta) es un cuarteto de cuerda de Polonia formado por Filip Jaslar (primer violín), Michał Sikorski (segundo violín), Paweł Kowaluk (viola) y Bolek Błaszczyk (violonchelo).
Destacan por una gran técnica de los instrumentos, ya que se formaron en las prestigiosas Academias de Música de Varsovia y Łódz. Sus actuaciones se caracterizan por una combinación de música y humor, creando arreglos de obras para su espectáculo.
El nombre hace referencia a Mozart. En polaco la "C" mayúscula se pronuncia "ts", igual que "Mozart" se pronuncia "Motsar".

-Wikipedia-



Humor & música, buena combinación.



MOZART GROUP








domingo, 11 de marzo de 2012

EL HUMOR ES COSA SERIA






El sentido del humor es el término medio entre la frivolidad, para la que casi nada tiene sentido, y la seriedad, para la que todo tiene sentido. El frívolo se ríe de todo, es insípido y molesto, y con frecuencia no se preocupa por evitar herir a otros con su humor. El serio cree que nada ni nadie deben ser objetos de burla, nunca tiene algo gracioso para decir y se incomoda si se burlan de él. El humor revela así la frivolidad de lo serio y la seriedad de lo frívolo. Se trata de una virtud social: podemos estar tristes en soledad, pero para reirnos necesitamos la presencia de otras personas.

Etimológicamente la palabra divertirse remite a la acción de salirse del vértice, es decir, a la ruptura con el orden cotidiano de significados. El humor une dos cosas dispares: "No dejes para mañana la posibilidad de encajarle a otro lo que tengas que hacer hoy", dice Felipe, el personaje de Quino. El deber (hacer lo que corresponde) y la falta (abusar de otro): dos sentidos diversos entrelazados con naturalidad.

Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado inflamado de uno mismo. Pero no exageremos la importancia del humor: un mal tipo puede hacer gala de un humor exquisito, y es posible ser buena gente y carecer por completo de sentido del humor. No obstante, quien tiene humor suele ser más estimable que quien no lo posee. El humor es una herramienta crítica de gran eficacia. "Leí La Guerra y la Paz en veinte minutos. Es acerca de Rusia", decía Woody Allen en tiempos en que estaban de moda los métodos de lectura veloz. El humor es un instrumento apropiado para promover la tolerancia, lo que llevó a Lichtemberg a escribir: "Nada determina más el carácter de una persona como la broma que la ofende". El humor permite ver lo que los demás no perciben, ser consciente de la relatividad de todas las cosas y revelar con una lógica sutil lo serio de lo tonto y lo tonto de lo serio. A veces el mejor consejo es el que proviene de un chiste y no de una formulación teórica.

El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que en última instancia todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: "¡Bonita forma de comenzar la semana!". El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece. Cuenta Diógenes Laercio que a Metrocles se le escapó una sonora ventosidad mientras tomaba una clase de filosofía. Tan grande fue el rubor que le sobrevino que se encerró en un cuarto con ánimo de dejarse morir de hambre. Crates entró a consolarlo tras ingerir comida flatulenta y, como no pudo persuadirlo diciéndole que no había cometido ningún absurdo sino que más bien sería cosa monstruosa no despedir los flatos según marca la naturaleza, soltó él también su flato, con lo cual los dos rieron y Metrocles dejó de sentir vergüenza.

¿Tiene límites el humor? ¿Es posible hacer humor con el tema del Holocausto? Hay una delgada línea divisoria entre la posibilidad de "reírse de" y la de "reírse con". Chaplin ponía como condición de posibilidad del humor la necesidad de que el chiste estuviera a favor del débil y no del fuerte. Algunos diferencian tajantemente humor e ironía. Si Groucho Marx afirma "Pasé una excelente velada, pero no fue ésta" y se lo dice a una generosa anfitriona, se trataría de una ironía. Si en cambio se lo dice al público, se trataría de humor. La ironía invertiría la ecuación de Chaplin y se reiría a costillas del débil. Escribe Comte-Sponville: "Se puede bromear acerca de todo: el fracaso, la muerte, la guerra, el amor, la enfermedad, la tortura. Lo importante es que la risa agregue algo de alegría, algo de dulzura o de ligereza a la miseria del mundo, y no más odio, sufrimiento o desprecio. Se puede bromear con todo, pero no de cualquier manera. Un chiste judío nunca será humorístico en boca de un antisemita. La ironía hiere, el humor cura. La ironía puede matar, el humor ayuda a vivir. La ironía quiere dominar, el humor libera. La ironía es despiadada, el humor es misericordioso. La ironía es humillante, el humor es humilde".

Sin embargo, no toda ironía es cruel. La ironía es una figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se quiere decir. No me parece que esta idea de ironía implique necesariamente una forma despiadada de hacer humor. Diría más bien que hay un humor hiriente, esteticista, que no repara en criterios éticos con tal de hacer reír. Si la ironía es utilizada en cambio como instrumento de resistencia, el humor adquiere un sesgo liberador: una modelo casada con un polista millonario responde, cuando el periodista se burla del "trabajo" de su marido: "Se necesita talento para ser polista". El que está al lado le dispara una ironía: "Claro, dinero no hace falta".

La risa aparece como la distancia más corta entre dos personas. No es un mal comienzo para la amistad. No es un mal recurso para aceptar -o retrasar- la propia muerte y la de los demás. Hay culturas que entierran a sus muertos con alegría. Prefieren recordar con risas y sonrisas, no con lágrimas y tristeza. Recordar con filosofía, tal el refrán castizo para el que "tomarse las cosas con filosofía" equivale a tomarse las cosas con alegría, con uno de los sentimientos más serios, gratuitos y paradójicos con que podemos cepillarnos las telarañas del alma.


Fragmento de Artes del buen vivir, Roxana Kreimer.








)*(



Acatar. Obedecer la orden de probar el vino.




Acera de enfrente. Es imposible saberlo. Aquí me dicen que es aquella y allí me dicen que es ésta.
Adolescentes. Grupo de individuos que manifiestan su profundo deseo de ser diferentes, vistiéndose iguales. 
Alba. Principio de un nuevo día o fin de una gran noche.
Avaro. Rico pobre.

Banquero. Alguien que te deja su paraguas cuando hace buen tiempo, pero en cuanto empieza a llover te exige que se lo devuelvas.



Botánica. Arte de insultar a las flores en griego y en latín.


Campo de fútbol. Único lugar donde puede verse en directo como le dan una patada en los cataplines a un millonario.
 Capitalismo. Una práctica que nunca se llevará a la teoría.
 
Cero. Parte de las matemáticas que a veces aplican en Historia, Geografía, Lenguaje, etc.
Comunismo. Teoría que nunca se llevará a la práctica. (Véase capitalismo)



Crítico. Persona que finge ser tan difícil de satisfacer que nadie lo intenta.

Espejo. Objeto que pierde su atractivo a medida que envejecemos.
Eternidad. Conservar la sonrisa hasta que tomen la foto.

Experiencia. Lo que te permite cometer errores nuevos en vez de repetir los viejos.

Fraude. Aprovecharse de la ignorancia de alguien para causarle un perjuicio.
(Ejemplo: Un profesor que suspende a un alumno en una asignatura comete un fraude).  

Hardware. Parte del ordenador que recibe los golpes cuando el software se cuelga. 

Inflación. Vivir pagando los precios del año próximo con el sueldo del año pasado.

Llavero. Instrumento que permite perder varias llaves a la vez.
 
Milagro. La mejor prueba de la ingenuidad humana.

Pensar. Único verbo reflexivo.

Política. Arte de evitar que la gente se preocupe de lo que importa.

Presagio. Signo de que algo ocurrirá si nada ocurre.

Primera cita. Cita en la que dos personas fingen ser los más simpáticos, amables, tolerantes y especiales del mundo.

Programador. Persona que te resuelve un problema que no sabías que tenías de una manera que no comprendes.

Psicólogo. El que mira a todos los demás cuando una mujer atractiva entra en la habitación.

Religión. Hija de la esperanza y el miedo que explica a la ignorancia, la naturaleza de lo desconocido.

Segundo. Espacio de tiempo que transcurre desde que se pone verde el semáforo hasta que el conductor de atrás toca el claxon.

Software. Aquello que acaba funcionando.

Soledad. Excelente compañía en muchísimas ocasiones. 
Soltero. Persona que ha pensado muy en serio en el matrimonio y que puede subirse a la cama por cualquiera de los dos lados. 



DUETTO DE GATAS









El que está triste, censura
al alegre de liviano;
y el que está alegre se burla
de ver al triste penando.


Juana Inés de Asbaje (Sor Juana Inés de la Cruz)





JN, MARZO

Está muy bien el fragmento de Roxana Kreimer,
pero se le ha olvidado decir (supongo que a lo largo del libro aparecerá)
que el auténtico humor comienza por reirse de uno mismo, y qué pocos lo saben hacer...

Quino, genial como siempre.
Muy buenas las definiciones. Me quedo con todas, pero especialmente con las de 'experiencia',
'llavero', 'política' y 'religión'

G, MARZO

El humor, como la disciplina, han de ser ingleses...