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lunes, 19 de mayo de 2014

¿FINGES, VIDA?



Al preguntarnos por la posibilidad de conocer la realidad enseguida surge la cuestión de la verdad. Consideramos que un conocimiento solo tiene razón de ser si es verdadero o si, al menos, tiene pretensión de serlo. Pero no admitimos el engaño, la mentira o la falsedad como conocimiento. Sin embargo, nos surge la duda acerca de si podemos alcanzar la verdad.

La definición de verdad es una tarea muy difícil. Solemos entender por verdad la conformidad de las cosas con los conceptos mentales; en este sentido nos estaríamos refiriendo al pensamiento. Pero también lo aplicamos a las proposiciones: la conformidad de lo que se dice con lo que se piensa o siente, y también a los juicios que no se pueden negar racionalmente.

Es importante distinguir además algunos términos que suelen utilizarse como sinónimos para referirse a la verdad:

- Veracidad: es la intención de no engañar. Esto es independiente de que lo que se diga sea verdadero o falso. Por ejemplo, un testigo en un juicio ha de ser veraz y contar lo que sabe, a pesar de que no sepa la verdad del caso.

- Certeza: confianza subjetiva en que algo es verdadero. 

- Autenticidad: que algo sea auténtico quiere decir que "es de verdad", esto es, que es conforme a la realidad. Por ejemplo, decimos que el zumo de naranja es auténtico, porque es natural, no es un sucedáneo químico.

- Sinceridad: ser sincero es ser veraz, pero introduce un matiz de compromiso de la persona.

Todos estos usos y los diversos contextos en que se aplican nos llevan a hablar de diversos ámbitos de la verdad.

-Verdad epistemológica: conformidad entre el conocimiento y la realidad. Lo contrario de la verdad epistemológica es la falsedad.

- Verdad ética: conformidad entre lo que se piensa, se dice, se siente y se hace. Lo contrario de la verdad ética es la mentira. 

- Verdad ontológica: conformidad entre las cosas reales y su apariencia o las ideas que tenemos sobre ellas. Lo contrario de la verdad ontológica es la inautenticidad.


Existen cosas de las que el mundo entero no se puede librar, situaciones en que la humanidad entera se ve envuelta, temas que todos pueden tocar porque todos tienen conocimiento. A través de los siglos el comportamiento humano no ha cambiado mucho en este tipo de actitudes, debido a lo común del tema y que lo viven todos los días en todo momento, se convierte en una de las realidades de la existencia humana. Este comportamiento o tema es el engaño. Cuando decimos algo con pretensión de engañar o sabiendo que es falso, estamos mintiendo. La mentira mina las bases de la convivencia, anula la confianza.



Cómo evoluciona en cada individuo el fingir con el fin de agradar, de engañar para lograr lo pretendido, hasta dónde llega un engaño. Desde cuándo se empieza a engañar, cómo se hace, las mentiras piadosas y las que son inevitablemente condenatorias, cómo el ser humano se engaña a sí mismo y hasta al ser más querido, y cómo al ser el más instintivo de los comportamientos humanos afecta a todos los ámbitos de la vida en sociedad.

De donde surge un engaño y hasta dónde va el engaño, un tema importante, cautivante y siniestro, genios de la literatura a través del tiempo han tocado temas como este.








Gente sola - Compositor: Pedro Guerra
Hay gente en la cola de todos los cines / gente que llora, gente que ríe / gente que sube, que baja de un coche / gente en el rastro y en los ascensores / gente en la guagua, en el metro, en la lluvia,  en un árbol / gente en la cuesta, desnuda, vestida, cantando / gente con sombra, con dudas / gente que añora y que ayuda / gente que vive a la moda, que viene y que va /  pero que sola está / Hay gente que sueña que abraza a otra gente  / gente que reza y luego no entiende / gente durmiendo en el borde del río / gente en los parques, gente en los libros / gente esperando en los bancos de todas las plazas / gente que muere en el borde de cada palabra / gente que cuenta las horas / gente que siente que sobra / gente que busca a otra gente en la misma ciudad / pero que sola está / Gente en el ruido y el humo de todos los bares / gente que en su corazón multiplica los panes / gente con ramos de flores  / gente borracha de amores / gente que cava su fosa,  que no puede más / pero que sola está. 



*



Nietzsche: Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, solo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos.

Es digno de nota que sea el intelecto quien así obre, él que, sin embargo, solo ha sido añadido precisamente como un recurso de los seres más infelices, delicados y efímeros, para conservarlos un minuto en la existencia, de la cual, por el contrario, sin ese aditamento tendrían toda clase de motivos para huir tan rápidamente como el hijo de Lessing. Ese orgullo, ligado al conocimiento y a la sensación, niebla cegadora colocada sobre los ojos y los sentidos de los hombres, los hace engañarse sobre el valor de la existencia, puesto que aquel proporciona la más aduladora valoración sobre el conocimiento mismo. Su efecto más general es el engaño -pero también los efectos más particulares llevan consigo algo del mismo carácter-.

El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que este es el medio, merced al cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad.

Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños; su mirada se limita a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibe “formas”, su sensación no conduce en ningún caso a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos, como si jugase a tantear el dorso de las cosas. Además, durante toda una vida, el hombre se deja engañar por la noche en el sueño, sin que su sentido moral haya tratado nunca de impedirlo, mientras que parece que ha habido hombres que, a fuerza de voluntad, han conseguido eliminar los ronquidos. En realidad, ¿qué sabe el hombre de sí mismo? ¿Sería capaz de percibirse a sí mismo, aunque solo fuese por una vez, como si estuviese tendido en una vitrina iluminada? ¿Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso su propio cuerpo, de modo que, al margen de las circunvoluciones de sus intestinos, del rápido flujo de su circulación sanguínea, de las complejas vibraciones de sus fibras, quede desterrado y enredado en una conciencia soberbia e ilusa? Ella ha tirado la llave, y ¡ay de la funesta curiosidad que pudiese mirar fuera a través de una hendidura del cuarto de la conciencia y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia y, por así decirlo, pendiente en sus sueños del lomo de un tigre! ¿De dónde procede en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad?

Quino
En un estado natural de las cosas, el individuo, en la medida en que se quiere mantener frente a los demás individuos, utiliza el intelecto y la mayor parte de las veces solamente para fingir, pero, puesto que el hombre, tanto por la necesidad como por hastío, desea existir en sociedad y gregariamente, precisa de un tratado de paz y, de acuerdo con este, procura que, al menos, desaparezca de su mundo el más grande bellum omnium contra omnes (con estas palabras, Thomas Hobbes, proclamó que la "naturaleza humana" era una "lucha de todos contra todos", una lucha en la que todos somos lobos de nosotros mismos -homo hominis lupus-) Este tratado de paz conlleva algo que promete ser el primer paso para la consecución de ese misterioso impulso hacia la verdad. En este mismo momento se fija lo que a partir de entonces ha de ser “verdad”, es decir, se ha inventado una designación de las cosas uniformemente válida y obligatoria, y el poder legislativo del lenguaje proporciona también las primeras leyes de verdad, pues aquí se origina por primera vez el contraste entre verdad y mentira.

El mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras, para hacer aparecer lo irreal como real; dice, por ejemplo, “soy rico” cuando la designación correcta para su estado sería justamente “pobre”. Abusa de las convenciones consolidadas haciendo cambios discrecionales, cuando no invirtiendo los nombres. Si hace esto de manera interesada y que además ocasione perjuicios, la sociedad no confiará ya más en él y, por este motivo, lo expulsará de su seno. Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes. El hombre nada más que desea la verdad en un sentido análogamente limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida; es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos. Y, además, ¿qué sucede con esas convenciones del lenguaje? ¿Son quizá productos del conocimiento, del sentido de la verdad? ¿Concuerdan las designaciones y las cosas? ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?

Solamente mediante el olvido puede el hombre alguna vez llegar a imaginarse que está en posesión de una “verdad” en el grado que se acaba de señalar. Si no se contenta con la verdad en forma de tautología (La Tautología es una Figura Retórica que consiste en utilizar palabras innecesarias que no añaden nada nuevo a la idea que se quiere transmitir), es decir, con conchas vacías, entonces trocará continuamente ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La reproducción en sonidos de un impulso nervioso. Los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos lenguajes. La “cosa en sí” (esto sería justamente la verdad pura, sin consecuencias) es totalmente inalcanzable y no es deseable en absoluto para el creador del lenguaje. Éste se limita a designar las relaciones de las cosas con respecto a los hombres y para expresarlas apela a las metáforas más audaces. ¡En primer lugar, un impulso nervioso extrapolado en una imagen! Primera metáfora. ¡La imagen transformada de nuevo en un sonido! Segunda metáfora. Y, en cada caso, un salto total desde una esfera a otra completamente distinta.

Se podría pensar en un hombre que fuese completamente sordo y jamás hubiera tenido ninguna sensación sonora ni musical; del mismo modo que un hombre de estas características se queda atónito ante las figuras acústicas de Chladni en la arena, descubre su causa en las vibraciones de la cuerda y jurará entonces que, en adelante, no se puede ignorar lo que los hombres llaman “sonido”, así nos sucede a todos nosotros con el lenguaje. Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas. Del mismo modo que el sonido configurado en la arena, la enigmática X de la cosa en sí se presenta en principio como impulso nervioso, después como figura, finalmente como sonido. Por tanto, en cualquier caso, el origen del lenguaje no sigue un proceso lógico, y todo el material sobre el que, y a partir del cual, trabaja y construye el hombre de la verdad, el investigador, el filósofo, procede, si no de las nubes, en ningún caso de la esencia de las cosas.

Quino
Pero pensemos especialmente en la formación de los conceptos. Toda palabra se convierte de manera inmediata en concepto en tanto que justamente no ha de servir para la experiencia singular y completamente individualizada a la que debe su origen, por ejemplo, como recuerdo, sino que debe encajar al mismo tiempo con innumerables experiencias, por así decirlo, más o menos similares, jamás idénticas estrictamente hablando; en suma, con casos puramente diferentes. Todo concepto se forma por equiparación de casos no iguales. Del mismo modo que es cierto que una hoja no es igual a otra, también es cierto que el concepto hoja se ha formado al abandonar de manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas, con lo cual se suscita entonces la representación, como si en la naturaleza hubiese algo separado de las hojas que fuese la “hoja”, una especie de arquetipo primigenio a partir del cual todas las hojas habrían sido tejidas, diseñadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas, pero por manos tan torpes, que ningún ejemplar resultase ser correcto y fidedigno como copia fiel del arquetipo qualitas occulta con el nombre de “honestidad”.


Decimos que un hombre es “honesto”. ¿Por qué ha obrado hoy tan honestamente?, preguntamos. Nuestra respuesta suele ser así: a causa de su honestidad. ¡La honestidad! Esto significa a su vez: la hoja es la causa de las hojas. Ciertamente no sabemos nada en absoluto de una cualidad esencial, denominada “honestidad”, pero sí de una serie numerosa de acciones individuales, por lo tanto desemejantes, que igualamos olvidando las desemejanzas, y, entonces, las denominamos acciones honestas; al final formulamos a partir de ellas una

La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni conceptos, así como tampoco ningún tipo de géneros, sino solamente una X que es para nosotros inaccesible e indefinible. También la oposición que hacemos entre individuo y especie es antropomórfica y no procede de la esencia de las cosas, aun cuando tampoco nos aventuramos a decir que no le corresponde: en efecto, sería una afirmación dogmática y, en cuanto tal, tan demostrable como su contraria.

¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.

No sabemos todavía de dónde procede el impulso hacia la verdad, pues hasta ahora solamente hemos prestado atención al compromiso que la sociedad establece para existir: ser veraz, es decir, utilizar las metáforas usuales; por tanto, solamente hemos prestado atención, dicho en términos morales, al compromiso de mentir de acuerdo con una convención firme, mentir borreguilmente, de acuerdo con un estilo vinculante para todos. Ciertamente, el hombre se olvida de que su situación es esta; por tanto, miente de la manera señalada inconscientemente y en virtud de hábitos seculares -y precisamente en virtud de esta inconsciencia, precisamente en virtud de este olvido, adquiere el sentimiento de la verdad-. A partir del sentimiento de estar comprometido a designar una cosa como “roja”, otra como “fría” y una tercera como “muda”, se despierta un movimiento moral hacia la verdad; a partir del contraste del mentiroso, en quien nadie confía y a quien todo el mundo excluye, el hombre se demuestra a sí mismo lo honesto, lo fiable y lo provechoso de la verdad. En ese instante, el hombre pone sus actos como ser racional bajo el dominio de las abstracciones; ya no tolera más el ser arrastrado por las impresiones repentinas, por las intuiciones; generaliza en primer lugar todas esas impresiones en conceptos más descoloridos, más fríos, para uncirlos al carro de su vida y de su acción. Todo lo que eleva al hombre por encima del animal depende de esa capacidad de volatilizar las metáforas intuitivas en un esquema; en suma, de la capacidad de disolver una figura en un concepto. En el ámbito de esos esquemas es posible algo que jamás podría conseguirse bajo las primitivas impresiones intuitivas: construir un orden piramidal por castas y grados; instituir un mundo nuevo de leyes, privilegios, subordinaciones y delimitaciones, que ahora se contrapone al otro mundo de las primitivas impresiones intuitivas como lo más firme, lo más general, lo mejor conocido y lo más humano y, por tanto, como una instancia reguladora e imperativa. Mientras que toda metáfora intuitiva es individual y no tiene otra idéntica y, por tanto, sabe siempre ponerse a salvo de toda clasificación, el gran edificio de los conceptos ostenta la rígida regularidad de un columbarium (palomar) romano  e insufla en la lógica el rigor y la frialdad peculiares de la matemática. Aquel a quien envuelve el hálito de esa frialdad, se resiste a creer que también el concepto, óseo y octogonal como un dado y, como tal, versátil, no sea más que el residuo de una metáfora, y que la ilusión de la extrapolación artística de un impulso nervioso en imágenes es, si no la madre, sí sin embargo la abuela de cualquier concepto.

Ahora bien, dentro de ese juego de dados de los conceptos se denomina “verdad” al uso de cada dado según su designación; contar exactamente sus puntos, formar las clasificaciones correctas y no violar en ningún caso el orden de las castas ni la sucesión jerárquica. Así como los romanos y los etruscos dividían el cielo mediante rígidas líneas matemáticas y conjuraban en ese espacio así delimitado, como en un templum, a un dios, cada pueblo tiene sobre él un cielo conceptual semejante matemáticamente repartido y en esas circunstancias entiende por mor de la verdad, que todo dios conceptual ha de buscarse solamente en su propia esfera. Cabe admirar en este caso al hombre como poderoso genio constructor, que acierta a levantar sobre cimientos inestables y, por así decirlo, sobre agua en movimiento una catedral de conceptos infinitamente compleja: ciertamente, para encontrar apoyo en tales cimientos debe tratarse de un edificio hecho como de telarañas, suficientemente liviano para ser transportado por las olas, suficientemente firme para no desintegrarse ante cualquier soplo de viento.

Como genio de la arquitectura el hombre se eleva muy por encima de la abeja: esta construye con la cera que recoge de la naturaleza; aquel, con la materia bastante más delicada de los conceptos que, desde el principio, tiene que fabricar por sí mismo. Aquí él es acreedor de admiración profunda -pero no ciertamente por su inclinación a la verdad, al conocimiento puro de las cosas-. Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, a continuación la busca en ese mismo sitio y, además, la encuentra, no hay mucho de qué vanagloriarse en esa búsqueda y ese descubrimiento; sin embargo, esto es lo que sucede con la búsqueda y descubrimiento de la “verdad” dentro del recinto de la razón. Si doy la definición de mamífero y a continuación, después de haber examinado un camello, declaro: “he aquí un mamífero”, no cabe duda de que con ello se ha traído a la luz una nueva verdad, pero es de valor limitado; quiero decir; es antropomórfica de cabo a rabo y no contiene un solo punto que sea “verdadero en sí”, real y universal, prescindiendo de los hombres. El que busca tales verdades en el fondo solamente busca la metamorfosis del mundo en los hombres; aspira a una comprensión del mundo en tanto que cosa humanizada y consigue, en el mejor de los casos, el sentimiento de una asimilación. Del mismo modo que el astrólogo considera a las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y con su desgracia, así también un investigador tal considera que el mundo en su totalidad está ligado a los hombres; como el eco infinitamente repetido de un sonido original, el hombre; como la imagen multiplicada de un arquetipo, el hombre. Su procedimiento consiste en tomar al hombre como medida de todas las cosas; pero entonces parte del error de creer que tiene estas cosas ante sí de manera inmediata, como objetos puros. Por tanto, olvida que las metáforas intuitivas originales no son más que metáforas y las toma por las cosas mismas.

Solo mediante el olvido de este mundo primitivo de metáforas, solo mediante el endurecimiento y petrificación de un fogoso torrente primordial compuesto por una masa de imágenes que surgen de la capacidad originaria de la fantasía humana, solo mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, en resumen: gracias solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma, seguridad y consecuencia; si pudiera salir, aunque solo fuese un instante, fuera de los muros de esa creencia que lo tiene prisionero, se terminaría en el acto su “conciencia de sí mismo”. Le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones del mundo es la correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir, con una medida de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la “percepción correcta” -es decir, la expresión adecuada de un objeto en el sujeto- me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar alusivo, un traducir balbuciente a un lenguaje completamente extraño, para lo que, en todo caso, se necesita una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar. Un pintor que careciese de manos y quisiera expresar por medio del canto el cuadro que ha concebido, revelará siempre, en ese paso de una esfera a otra, mucho más sobre la esencia de las cosas que en el mundo empírico. La misma relación de un impulso nervioso con la imagen producida no es, en sí, necesaria; pero cuando la misma imagen se ha producido millones de veces y se ha transmitido hereditariamente a través de muchas generaciones de hombres, apareciendo finalmente en toda la humanidad como consecuencia cada vez del mismo motivo, acaba por llegar a tener para el hombre el mismo significado que si fuese la única imagen necesaria, como si la relación del impulso nervioso original con la imagen producida fuese una relación de causalidad estricta; del mismo modo que un sueño eternamente repetido sería percibido y juzgado como algo absolutamente real. Pero el endurecimiento y la petrificación de una metáfora no garantizan para nada en absoluto la necesidad y la legitimación exclusiva de esta metáfora.

Quino
Sin duda, todo hombre que esté familiarizado con tales consideraciones ha sentido una profunda desconfianza hacia todo idealismo de este tipo, cada vez que se ha convencido con la claridad necesaria de la consecuencia, ubicuidad e infalibilidad de las leyes de la naturaleza; y ha sacado esta conclusión: aquí, cuanto alcanzamos en las alturas del mundo telescópico y en los abismos del mundo microscópico, todo es tan seguro, tan elaborado, tan infinito, tan regular, tan exento de lagunas; la ciencia cavará eternamente con éxito en estos pozos, y todo lo que encuentre habrá de concordar entre sí y no se contradirá. Qué poco se asemeja esto a un producto de la imaginación; si lo fuese, tendría que quedar al descubierto en alguna parte de la apariencia y la irrealidad. Al contrario, cabe decir por lo pronto que, si cada uno de nosotros tuviese una percepción sensorial diferente, podríamos percibir unas veces como pájaros, otras como gusanos, otras como plantas, o si alguno de nosotros viese el mismo estímulo como rojo, otro como azul e incluso un tercero lo percibiese como un sonido, entonces nadie hablaría de tal regularidad de la naturaleza, sino que solamente se la concebiría como una creación altamente subjetiva. Entonces, ¿qué es, en suma, para nosotros una ley de la naturaleza? No nos es conocida en sí, sino solamente por sus efectos, es decir, en sus relaciones con otras leyes de la naturaleza que, a su vez, sólo nos son conocidas como sumas de relaciones. Por consiguiente, todas esas relaciones no hacen más que remitir continuamente unas a otras y nos resultan completamente incomprensibles en su esencia; en realidad sólo conocemos de ellas lo que nosotros aportamos: el tiempo, el espacio, por tanto las relaciones de sucesión y los números. Pero todo lo maravilloso, lo que precisamente nos asombra de las leyes de la naturaleza, lo que reclama nuestra explicación y lo que podría introducir en nosotros la desconfianza respecto al idealismo, reside única y exclusivamente en el rigor matemático y en la inviolabilidad de las representaciones del espacio y del tiempo. Sin embargo, esas nociones las producimos en nosotros y a partir de nosotros con la misma necesidad que la araña teje su tela; si estamos obligados a concebir todas las cosas solamente bajo esas formas, entonces no es ninguna maravilla el que, a decir verdad, solo captemos en todas las cosas precisamente esas formas, puesto que todas ellas deben llevar consigo las leyes del número, y el número es precisamente lo más asombroso de las cosas. Toda la regularidad de las órbitas de los astros y de los procesos químicos, regularidad que tanto respeto nos infunde, coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros introducimos en las cosas, de modo que, con esto, nos infundimos respeto a nosotros mismos. En efecto, de aquí resulta que esta producción artística de metáforas con la que comienza en nosotros toda percepción, supone ya esas formas y, por tanto, se realizará en ellas; solo por la sólida persistencia de esas formas primigenias resulta posible explicar el que más tarde haya podido construirse sobre las metáforas mismas el edificio de los conceptos. Este edificio es, efectivamente, una imitación, sobre la base de las metáforas, de las relaciones de espacio, tiempo y número.

Como hemos visto, en la construcción de los conceptos trabaja originariamente el lenguaje; más tarde la ciencia. Así como la abeja construye las celdas y, simultáneamente, las rellena de miel, del mismo modo la ciencia trabaja inconteniblemente en ese gran columbarium de los conceptos, necrópolis de las intuiciones; construye sin cesar nuevas y más elevadas plantas, apuntala, limpia y renueva las celdas viejas y, sobre todo, se esfuerza en llenar ese colosal andamiaje que desmesuradamente ha apilado y en ordenar dentro de él todo el mundo empírico, es decir, el mundo antropomórfico. Si ya el hombre de acción ata su vida a la razón y a los conceptos para no verse arrastrado y no perderse a sí mismo, el investigador construye su choza junto a la torre de la ciencia para que pueda servirle de ayuda y encontrar él mismo protección bajo ese baluarte ya existente. De hecho necesita protección, puesto que existen fuerzas terribles que constantemente le amenazan y que oponen a la verdad científica “verdades” de un tipo completamente diferente con las más diversas etiquetas.

Ese impulso hacia la construcción de metáforas, ese impulso fundamental del hombre del que no se puede prescindir ni un solo instante, pues si así se hiciese se prescindiría del hombre mismo, no queda en verdad sujeto y apenas si domado por el hecho de que con sus evanescentes productos, los conceptos, resulta construido un nuevo mundo regular y rígido que le sirve de fortaleza. Busca un nuevo campo para su actividad y otro cauce y lo encuentra en el mito y, sobre todo, en el arte. Confunde sin cesar las rúbricas y las celdas de los conceptos introduciendo de esta manera nuevas extrapolaciones, metáforas y metonimias; continuamente muestra el afán de configurar el mundo existente del hombre despierto, haciéndolo tan abigarradamente irregular, tan inconsecuente, tan inconexo, tan encantador y eternamente nuevo, como lo es el mundo de los sueños. En sí, ciertamente, el hombre despierto solamente adquiere conciencia de que está despierto por medio del rígido y regular tejido de los conceptos y, justamente por eso, cuando en alguna ocasión un tejido de conceptos es desgarrado de repente por el arte llega a creer que sueña. Tenía razón Pascal cuando afirmaba que, si todas las noches nos sobreviniese el mismo sueño, nos ocuparíamos tanto de él como de las cosas que vemos cada día: “Si un artesano estuviese seguro de que sueña cada noche, durante doce horas completas, que es rey, creo -dice Pascal- que sería tan dichoso como un rey que soñase todas las noches durante doce horas que es artesano”. La diurna vigilia de un pueblo míticamente excitado, como el de los antiguos griegos, es, de hecho, merced al milagro que se opera de continuo, tal y como el mito supone, más parecida al sueño que a la vigilia del pensador científicamente desilusionado. Si cada árbol puede hablar como una ninfa, o si un dios, bajo la apariencia de un toro, puede raptar doncellas, si de pronto la misma diosa Atenea puede ser vista en compañía de Pisístrato recorriendo las plazas de Atenas en un hermoso tiro -y esto el honrado ateniense lo creía-, entonces, en cada momento, como en sueños, todo es posible y la naturaleza entera revolotea alrededor del hombre como si solamente se tratase de una mascarada de los dioses, para quienes no constituiría más que una broma el engañar a los hombres bajo todas las figuras.

Pero el hombre mismo tiene una invencible inclinación a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades, o cuando en una obra de teatro el cómico, haciendo el papel de rey, actúa más regiamente que un rey en la realidad. El intelecto, ese maestro del fingir, se encuentra libre y relevado de su esclavitud habitual tanto tiempo como puede engañar sin causar daño, y en esos momentos celebra sus Saturnales. Jamás es tan exuberante, tan rico, tan soberbio, tan ágil y tan audaz: poseído de placer creador, arroja las metáforas sin orden alguno y remueve los mojones de las abstracciones de tal manera que, por ejemplo, designa el río como el camino en movimiento que lleva al hombre allí donde habitualmente va. Ahora ha arrojado de sí el signo de la servidumbre; mientras que antes se esforzaba con triste solicitud en mostrar el camino y las herramientas a un pobre individuo que ansía la existencia y se lanza, como un siervo, en buscar de presa y botín para su señor, ahora se ha convertido en señor y puede borrar de su semblante la expresión de indigencia. Todo lo que él hace ahora conlleva, en comparación con sus acciones anteriores, el fingimiento, lo mismo que las anteriores conllevaban la distorsión. Copia la vida del hombre, pero la toma como una cosa buena y parece darse por satisfecho con ella. Ese enorme entramado y andamiaje de los conceptos al que de por vida se aferra el hombre indigente para salvarse, es solamente un armazón para el intelecto liberado y un juguete para sus más audaces obras de arte y, cuando lo destruye, lo mezcla desordenadamente y lo vuelve a juntar irónicamente, uniendo lo más diverso y separando lo más afín, pone de manifiesto que no necesita de aquellos recursos de la indigencia y que ahora no se guía por conceptos, sino por intuiciones. No existe ningún camino regular que conduzca desde esas intuiciones a la región de los esquemas espectrales, las abstracciones; la palabra no está hecha para ellas, el hombre enmudece al verlas o habla en metáforas rigurosamente prohibidas o mediante concatenaciones conceptuales jamás oídas, para corresponder de un modo creador, aunque solo sea mediante la destrucción y el escarnio de los antiguos límites conceptuales, a la impresión de la poderosa intuición actual.

Hay períodos en los que el hombre racional y el hombre intuitivo caminan juntos; el uno angustiado ante la intuición, el otro mofándose de la abstracción; es tan irracional el último como poco artístico el primero. Ambos ansían dominar la vida: este sabiendo afrontar las necesidades más imperiosas mediante previsión, prudencia y regularidad; aquel sin ver, como “héroe desbordante de alegría”, esas necesidades y tomando como real solamente la vida disfrazada de apariencia y belleza. Allí donde el hombre intuitivo, como en la Grecia antigua, maneja sus armas de manera más potente y victoriosa que su adversario, puede, si las circunstancias son favorables, configurar una cultura y establecer el dominio del arte sobre la vida; ese fingir, ese rechazo de la indigencia, ese brillo de las intuiciones metafóricas y, en suma, esa inmediatez del engaño acompañan todas las manifestaciones de una vida de esa especie. Ni la casa, ni el paso, ni la indumentaria, ni la tinaja de barro descubren que ha sido la necesidad la que los ha concebido: parece como si en todos ellos hubiera de expresarse una felicidad sublime y una serenidad olímpica y, en cierto modo, un juego con la seriedad. Mientras que el hombre guiado por conceptos y abstracciones solamente conjura la desgracia mediante ellas, sin extraer de las abstracciones mismas algún tipo de felicidad; mientras que aspira a liberarse de los dolores lo más posible, el hombre intuitivo, aposentado en medio de una cultura, consigue ya, gracias a sus intuiciones, además de conjurar los males, un flujo constante de claridad, animación y liberación. Es cierto que sufre con más vehemencia cuando sufre; incluso sufre más a menudo porque no sabe aprender de la experiencia y tropieza una y otra vez en la misma piedra en la que ya ha tropezado anteriormente. Es tan irracional en el sufrimiento como en la felicidad, se desgañita y no encuentra consuelo.
¡Cuán distintamente se comporta el hombre estoico ante las mismas desgracias, instruido por la experiencia y autocontrolado a través de los conceptos! Él, que solo busca habitualmente sinceridad, verdad, emanciparse de los engaños y protegerse de las incursiones seductoras, representa ahora, en la desgracia, como aquel, en la felicidad, la obra maestra del fingimiento; no presenta un rostro humano, palpitante y expresivo, sino una especie de máscara de facciones dignas y proporcionadas; no grita y ni siquiera altera su voz; cuando todo un nublado descarga sobre él, se envuelve en su manto y se marcha caminando lentamente bajo la tormenta.





Sin música la vida sería un error

Nietzsche











DE PASO
Autor: Luis Eduardo Aute
Letra original (en negrita lo cambiado en una versión posterior)

Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar,
ayer de nada nos sirve,
las cicatrices (no curan el mal) no ayudan a andar.

Solo morir permanece
como la más inmutable razón,
vivir es un (clavo ardiente) accidente,
un ejercicio de gozo y dolor.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso...

Quien pone reglas al juego
se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.

La ciencia es una estrategia,
es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia,
pues el misterio se oculta detrás.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso...

Hay demasiados profetas,
profesionales de la libertad,
que hacen del aire, bandera,
pretexto inútil para respirar.

En una noche infinita
que va meciendo a este gran ataúd
donde olvidamos que el día
solo es un punto, un punto de luz.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso...







domingo, 22 de julio de 2012

PAINT IT BLACK



PREPARANDO UN KIT DE SUPERVIVENCIA

Empecemos por la:

*RESILIENCIA

Luis Rojas Marcos considera un error pensar que la adversidad hace más fuerte al ser humano -"es absolutamente falso", insiste-, aunque sí cree, desde su experiencia como profesional de la psiquiatría, que en nuestro interior habita "una impresionante fuerza natural" para combatirla.
Una fuerza interior que impregna todos y cada uno de nuestros genes y que Rojas Marcos, al igual que otros psicólogos y psiquiatras, ha dado en llamar "resiliencia", un anglicismo que han tomado prestado de la Física, donde se usa desde hace tiempo y que remite a la capacidad de un objeto de encajar un golpe sin romperse.

"Resiliencia" es, pues, elasticidad, resistencia, superación...aplicada a los objetos, y "una simbiosis natural y única de flexibilidad, resistencia, adaptación y recuperación" que los humanos tenemos para combatir la adversidad.

Es "la poderosa capacidad humana de encajar, resistir y superar la adversidad", escribe Luis Rojas Marcos en su libro, "Superar la adversidad. El poder de la resiliencia", editado por Espasa.

"Mi propósito es informar a las personas sobre la capacidad que tenemos de sobrevivir, de superar la adversidad e, incluso, de sacarle algo positivo", afirma el que fuera jefe de los servicios de salud mental, alcoholismo y drogas del municipio de Nueva York y director de su Sistema de Sanidad y Hospitales Públicos, entre 1995 y 2002.

Seis son los pilares que, cuenta en su libro, soportan la tan poderosa fuerza de supervivencia que es la "resiliencia", y que permite al ser humano plantar cara a algo de lo que ninguno se libra:
las desgracias.

Las conexiones afectivas con quienes nos rodean, las funciones ejecutivas -el autocontrol, la energía vital son dos ejemplos de ellas-, el centro de control interno de nuestras vidas y decisiones, la autoestima, el pensamiento positivo y las ganas de vivir son esos seis pilares que, en cada persona, son más o menos firmes.

Rojas Marcos habla del sentido del humor, de su importancia para hacer frente a las crisis, inevitables en la existencia. "No sirve de mucho -dice- cuando el barco se está hundiendo, pero sí más tarde, cuando te das cuenta de lo que te ha pasado. Ayuda a digerir algo tan trágico como la muerte".

Y cuenta una anécdota personal. "Antes de que mi madre muriera, por una cuestión práctica y de respetar su voluntad, le pregunté si prefería que la enterráramos o que incineráramos su cuerpo,
su respuesta fue, con una sonrisa: sorpréndeme".

También habla de límites a la hora de soportar el sufrimiento -"tenemos un límite, claro que lo tenemos", insiste-, y asegura que, en general, "no soportamos más de dos grandes tragedias en nuestras vidas".

Dos adversidades serias, de esas "que conmueven tu vida, de las que amenazan tu equilibrio mental o físico e, incluso, amenazan la existencia. Tocamos -insiste- a dos de media". Tragedias como la muerte de un hijo o de la pareja, un grave accidente o una enfermedad como el cáncer. O desastres naturales como un terremoto o una inundación. Aunque, afirma, estamos más preparados para soportar las segundas que las primeras.

"Es excepcional -insiste- que una persona aguante mucho sufrimiento y se mantenga equilibrado".
Ante el infortunio, Rojas Marcos enumera en su libro "mecanismos protectores", como:

-la intuición
-el sentido del humor
-la capacidad de pasar página

 y enumera los cuatro "venenos" que nos hacen especialmente vulnerables ante las calamidades:

-el pánico
-el aturdimiento
-el estancamiento
-la depresión

Depresión que no hay que confundir "con esa tristeza normal que no debemos dejar que nadie nos la robe, porque es sana y normal. Cuando, por ejemplo, nos quedamos en paro o si se muere alguien querido. La depresión es otra cosa. Es una enfermedad que durante el tiempo que dura te cambia por completo, te convierte en otra persona".

Pero a lo que peor hacemos frente, según su opinión, es a la incertidumbre. "Tenemos hoy -asegura- una mayor resistencia a situaciones de incertidumbre. Nos ponemos muy nerviosos cuando ocurre alguna cosa que resquebraja nuestro sentido de futuro. La incertidumbre es ansiedad, pánico en mucha gente.
Y la vida -concluye- si algo es, es incertidumbre".

Las funciones ejecutivas: autocontrol, planificación, capacidad de toma de decisiones, la búsqueda de información, etc.

El centro de control interno (muy relacionado con la confianza en uno mismo). Quien en un momento de dificultad pone el centro de control dentro de sí mismo, la supera mucho mejor. Por ejemplo, no puedo hacer nada contra la crisis mundial, pero sí puedo hacer algo para que las consecuencias de ésta sean menores para mí y mi entorno. Y esto funciona aunque no sea cierto; la idea de control sobre la situación da la fuerza para salir.

Una adecuada y calificada autoestima, que tenga una base realista, también ayuda.

El optimismo tiene mucho que ver con nuestro “estilo explicativo”. Todos tenemos la necesidad de explicarnos las cosas. La mente humana no tolera demasiado bien el “misterio”. Y este estilo explicativo aplica tanto al pasado como al presente y el futuro. Cambiar este “estilo explicativo”, que se forja en la adolescencia, no es fácil. Uno tiene que ser consciente (lo que exige reflexionar mucho sobre cómo pensamos) y debe tener una motivación para hacerlo, para ir cambiando y probando poco a poco. Es más fácil aumentar el optimismo (el optimista analiza tanto lo positivo como lo negativo; y se queda con lo primero) que disminuir el pesimismo (el pesimista se queda sólo con lo negativo al analizar; el único modo de cambiar esto es tirando poco a poco del hilo de optimismo que todos tenemos y que en algunos cuesta más encontrar).

Personalmente añadiría otro componente importante para mí, que es el sentido. Quien ha conectado con el sentido de su existencia tiene mayor capacidad para sobrellevar y superar las adversidades.
También hay factores que impiden o dificultan la resiliencia, el principal de ellos el número de adversidades que uno ha sufrido. Existe la creencia de que cuantas más adversidades mejor; más preparado se está. El sufrimiento en sí no es útil. La lucha por superar el sufrimiento es lo que nos hace conscientes de cualidades y capacidades que no creíamos tener (crecimiento postraumático).

Dos consejos finales para vivir una vida feliz y recuperarnos de las dificultades:

*Diversificación. Debemos separar las parcelas de nuestra vida; compartimentalizar racionalmente nuestras esferas de felicidad.

*Sentido del humor, que ayuda a mirar en perspectiva, a tomar distancia, a manejar las disonancias y contradicciones.

Habrá que ir poniendo en práctica este último consejo.
.
SIN OLVIDAR LA MÚSICA

*







*
DEL EUFEMISMO AL HECHO, NO HAY TRECHO
Mejora de competitividad: congelación de salarios.
Gravamen de activos ocultos: amnistía fiscal.
Recorte temporal de solidaridad: subida de impuestos.
Ticket moderador: copago sanitario.
Flexibilización del mercado laboral: abaratamiento del despido.
Medidas de consolidación fiscal: recortes.
Devaluación competitiva de los salarios: bajada de sueldos.
Activos ocultos: dinero negro.
Crecimiento económico negativo: recesión económica.
Excedentes empresariales: beneficios empresariales.
Coste laboral unitario: beneficio del trabajador.
Expediente de regulación de empleo (ERE): despido colectivo.
Concurso de acreedores: suspensión de pagos.
Activos adjudicados: inmuebles embargados.
Modificación tarifaria: subida de precios.
Línea de crédito o auxilio financiero: rescate económico.
Extremadamente improbable: imposible.
Reformas: recortes
Ponderación fiscal: subidas de impuestos
Reorganización funcional de los servicios públicos: privatizaciones
Reforma laboral para crear empleo: abaratamiento del despido



JOAN MANUEL SERRAT

DISCULPE EL SEÑOR

ÁLBUM : UTOPÍA 1992

 

disculpe el señor
si le interrumpo, pero en el recibidor
hay un par de pobres que
preguntan insistentemente por usted

no piden limosnas, no
ni venden alfombras de lana
tampoco elefantes de ébano
son pobres que no tienen nada de nada

no entendí muy bien
si nada que vender o nada que perder
pero por lo que parece
tiene usted alguna cosa que les pertenece

¿quiere que les diga que el señor salió?
¿que vuelvan mañana, en horas de visita?
¿o mejor les digo como el señor dice:
"Santa Rita, Rita, Rita,
lo que se da, no se quita"

disculpe el señor
se nos llenó de pobres el recibidor
y no paran de llegar
desde la retaguardia, por tierra y por mar

y como el señor dice que salió
y tratándose de una urgencia
me han pedido que les indique yo
por dónde se va a la despensa

y que dios, se lo pagará
¿me da las llaves o los echo? usted verá
que mientras estamos hablando
llegan más y más pobres y siguen llegando

¿quiere usted que llame a un guardia y que revise
si tienen en regla sus papeles de pobre?
¿o mejor les digo como el señor dice?:
"bien me quieres, bien te quiero,
no me toques el dinero"

disculpe el señor
pero este asunto va de mal en peor
vienen a millones y
curiosamente, vienen todos hacia aquí.

traté de contenerles pero ya ve
han dado con su paradero
estos son los pobres de los que le hablé
le dejo con los caballeros

y entiéndase usted
si no manda otra cosa, me retiraré
si me necesita, llame
que dios le inspire o que dios le ampare
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado


*
LUIS EDUARDO AUTE

ALELUYA


una lágrima en la mano
un suspiro muy cercano
una historia que termina
una piel que no respira
una nube desgarrada
una sangre derramada
aleluya

quince gritos que suplican
una tierra que palpita
la sonrisa de un recuerdo
la mentira de un te quiero
una niña que pregunta
unos cuerpos que se juntan
aleluya

mil silencios de un olvido
un amor que se ha perdido
tres guirnaldas en el pelo
el aliento de unos besos
el perdón de los pecados
unos pies que están clavados
aleluya

la razón de la locura
una luz de luna oscura
unos ojos en la noche
una voz que no se oye
una llama que se apaga
una vida que se acaba
aleluya

sombras sobre luces
en la clara oscuridad
de este mundo absurdo
que no sabe adónde va
aleluya, aleluya, aleluya

una madre que amamanta
tengo seca la garganta
el color de un tiempo abierto
un mañana siempre incierto
el sudor en una frente
el dolor de aquella gente
aleluya

una llaga que se cierra
una herida que se entierra
unos labios temblorosos
unos brazos calurosos
dos palabras en la arena
una ola se las lleva
aleluya

un reloj con treinta horas
el cartel de no funciona
una piedra en el vacío
otra piedra en el sentido
una lluvia en el alma
un incendio en las entrañas
aleluya

unos pasos sin destino
por cuarenta mil caminos
un acorde disonante
nueve infiernos sin el Dante
unas flores en mi tumba
siempre, nunca, nunca, nunca
aleluya

que no sabe adónde va
sombras sobre luces
en la clara oscuridad
de este mundo absurdo
aleluya, aleluya, aleluya

* *

domingo, 3 de junio de 2012

LOS SANTOS INOCENTES


Qué bien nos han y siguen tomando el pelo.

LA ÉTICA NO COTIZA EN BOLSA

Coge el dinero, no hace falta que corras

Hoy la desigualdad social y económica está creciendo a un nivel que no se conocía desde la Edad Media. Los ricos y los súper ricos se han comido la mayor parte del pastel económico.

Pero como sujeto colectivo parecemos incapaces de rebelarnos contra la realidad que se nos impone.

Angel Cárcoba: “Reflexiones sobre crisis y desigualdad social”

Son numerosas las investigaciones y ensayos que relacionan la crisis económica y las desigualdades sociales. La crisis económica y especialmente el paro, representan uno de los mejores indicadores de desigualdad. Se ha entrado en una espiral en que el aumento del paro lleva a la reducción del consumo y de ahí a más paro y pobreza.
La crisis económica está conduciendo a millones de trabajadores a perder la capacidad de controlar y planificar sus procesos vitales, su presente y su futuro son impredecibles. Así que de nuevo la crisis se ceba en los de siempre.




¿Quién nos ha robado los sueños? ¿Quién interrumpe los sueños de millones de ciudadanos y los convierte en pesadillas porque no saben qué va a suceder cuando se despierten?
¿Quiénes han sido los responsables de tanta desigualdad, del paro, de la crisis y todos sus impactos?
¿Quiénes trajeron el fin de las ideologías?

En los 80 y 90 del siglo pasado llegaron de la mano del PSOE los postmodernos, los yupies tecnócratas y tránsfugas provenientes en su mayoría del franquismo y del comunismo anticomunista. Hicieron una excursión por el marxismo para volver a sus orígenes de derechas. Habían estudiado "El Capital" para vivir de sus intereses. Impregnaron toda la política social y crearon escuela: "España es el país donde se puede hacer uno rico en el menor tiempo posible" 

Nos dijeron que la democracia basada en el mercado libre genera progreso y no genera desigualdad. Mentira. Confundieron "su" progreso económico con el del pueblo y las desigualdades se acentuaron.
Pretendieron convencernos de las excelencias de la modernidad, del neocapitalismo y del mercado. 

Todo estaba permitido. Ante la ausencia de ideología, lo importante es que el gato cazara, no importa el color. Y para legitimar esta teoría estaban los intelectuales orgánicos que secuestraron el imaginario democrático, convirtiendo al ciudadano en cliente electoral, votante cada cuatro años, manteniéndolo hibernado hasta la próxima cita electoral.
Lo de Aznar, no fue ladrillo, sino adobe. Y qué decir de Zapatero, si convencido estaba de que la Tierra era del viento, a quién le va extrañar que no supiera por dónde le daba el aire. Cualquier urgencia social ha de esperar a la próxima convocatoria. Los elegidos no tenían ni tienen problemas ni escrúpulos. Si intuyen que su cargo está en peligro, siempre encontrarán acomodo en las filas de los dos grandes partidos, bien como parlamentarios, como directores generales o consejeros de CCAA o se les crea una fundación "ad hoc". Y esto ha conducido a cansancio democrático. Este fue el origen en España de lo que ha venido aconteciendo hasta la crisis actual.
Cuatro norteamericanos – Bill Gates, Paul Allen, Warren Bufett y Larry Ellison- poseen juntos una fortuna superior a la del PIB de 42 naciones con 600 millones de habitantes. Tres futbolistas del Real Madrid y Barcelona reciben unos salarios anuales de 43 millones de dólares, equivalente al presupuesto de la capital de El Salvador con cerca de 2 millones de habitantes.
Pero hay desigualdades más cercanas. Un trabajador necesita 35 años cotizados para acceder a una pensión “máxima”, mientras que un parlamentario europeo tiene derecho a esa pensión con sólo tres años de dedicación por haber aplaudido y votado a su jefe. Quien se exprese de forma crítica o no aplauda con vehemencia es sacado de las listas o expulsado del partido.

Cualquier estudio sobre desigualdades parece una broma de mal gusto.
Otra broma: por el anuncio de zapatillas Nike, Michael Jordan cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sudeste asiático que las fabricaba.
Y todo ello sin ningún control.


Estamos en las manos de los lobbys corporativos, los gigantes de las finanzas, de los especuladores. El movimiento libre de  capitales crea lo que algunos llaman un "parlamento virtual" que nadie lo ha elegido, de inversores y prestamistas que controlan de cerca a los gobiernos. La aristocracia de banqueros y ejecutivos de multinacionales, amos del universo siguen diciendo que el estado no es la solución, es el problema. Para salvar a los delincuentes de Wall Street, los gobiernos acuden a su rescate y crean un socialismo para los ricos y un capitalismo salvaje para los pobres. Y para deshacerse de sus culpas y responsabilidades, culpabilizan a la víctima.
Los Gobiernos han cedido sus instrumentos de decisión y control a favor de las
corporaciones multinacionales, de las Agencias y organismos internacionales
“independientes”, convirtiéndoles en entes superiores a la propia democracia. Una vez que lo participativo molesta, se ha ido de la democracia participativa a la democracia profesionalizada convirtiendo al ciudadano en cliente electoral, como se mencionó.
Para ello disponen de “grupos de expertos o de sabios” que vacían el debate político en nombre de una visión totalizadora de la ciencia y de la política para convencernos de que no hay alternativas. Se apropian de conceptos que no son nada inocentes (democracia, mercado, crisis, desaceleración, activos tóxicos, paro, huelga, depósito bancario, asiento contable, préstamos hipotecarios…).





Nuestro futuro está en manos de estos sabios-expertos, lo saben todo, lo ven todo desde las torres de observación. Estamos rodeados de observatorios, aislados de la realidad social. Desde sus torres de observación legitiman la lógica interna de la crueldad de mercado, del dominante sobre el dominado, del explotador sobre el explotado.
Los fabricantes del miedo. Las masas del mundo desarrollado viven en constante temor.

€ € €
[El miedo al entorno en el que viven, miedo a la globalización, miedo al futuro, miedo a ser, miedo a vivir y a morir, miedo a hablar, miedo a respirar, miedo a perder el empleo y miedo a no encontrar nunca trabajo; miedo a la noche sin pastillas para dormir y al día sin pastillas para despertarse; miedo a la soledad, miedo al miedo, miedo a inquietar al mercado que nadie sabe quién lo ha elegido;”

LAS BANCARROTAS SE SOCIALIZAN


LAS GANANCIAS SE PRIVATIZAN.

E. Galeano)]



Todo ello basado en la gran mentira de los banqueros. Los bancos no prestan el dinero de sus beneficios, sino que prestan el dinero que les ha dado el Estado con los impuestos pagados por los trabajadores.
Tanta desigualdad está basada en la administración de mucha violencia y de un silencio aterrador de quienes tendrían la obligación de gritar :
¡basta ya!
Pero los partidos políticos, sindicatos y otras organizaciones sociales gestionan, pero no combaten las estructuras políticas y económicas necesarias para que otra realidad social sea hecha realidad.Ante tanta desigualdad, ante tanta corruptela, no hay neutralidad posible.
Y ante la tendencia a la resignación, a que no es posible cambiar la
realidad, sería bueno recordar a 

Bertolt Brecht cuando decía:

"No acepten lo habitual como cosa natural,
pues en tiempos de desorden sangriento,
de confusión organizada,
de humanidad deshumanizada,
nada debe parecer natural,
nada debe parecer imposible de cambiar"


Gato Pérez

El Ventilador




¿Por qué hay tanta corrupción en España?

La principal causa de los escándalos es el alto número de cargos de designación política en las instituciones nacionales, autonómicas y locales. Son redes clientelares que viven de que su partido gane las elecciones

Para los que estudiamos la corrupción a nivel comparado, la reciente oleada de escándalos en España no representa ninguna sorpresa. Países como Francia, Italia, Portugal o España llevan años mostrando niveles de corrupción y de calidad de gobierno más parecidos a los de países autoritarios en vías de desarrollo que a los propios de democracias capitalistas avanzadas con décadas de pertenencia a la OCDE. ¿Qué factores separan a estos países, y en particular a España, de las democracias libres de corrupción?

Una primera tentación que hay que evitar es la de afirmar que la corrupción está en "nuestra cultura". Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, pero que, sin embargo, goza de cierto predicamento en algunos círculos -posiblemente los mismos que afirmaban no hace tanto tiempo que la democracia representativa o el capitalismo no tenían espacio en nuestra cultura mediterránea y/o católica. Como un creciente número de estudios está demostrando, la causalidad parece ir en todo caso en la dirección opuesta: los países desarrollan "malas" culturas -o culturas donde predomina la desconfianza social- como consecuencia de unos elevados niveles de corrupción.

En EE UU el alcalde no puede colocar a mucha gente. El Ayuntamiento lo gestionan profesionales. En muchas ciudades europeas sólo tres o cuatro personas son nombradas por el partido ganador.

Una segunda tentación a evitar es el impulso legalista, con mucho arraigo en España, uno de los países del mundo con una mayor proporción de abogados en sus administraciones. Desde la visión legalista, expuesta, por ejemplo, por el Tribunal de Cuentas en un informe sobre corrupción local, lo que explicaría la misma en España sería "la falta de regulación", que "permite un margen de discrecionalidad, no siempre acorde con la protección del interés público". Pero, ¿alguien puede de veras creer que la solución a la corrupción local consiste en regular todas y cada una de las actividades de estas administraciones?.

Sorprende comparar la actitud de nuestro Tribunal de Cuentas con sus equivalentes nórdicos: en ellos, en lugar de artículos con detallados procedimientos, encontramos simplemente alguna presentación de powerpoint señalando que el objetivo es evitar una "deficiente contabilidad", dejando discreción casi absoluta a los auditores públicos sobre cómo llevar a cabo su labor de fiscalización.

Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una "mala cultura" o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones.

Esto genera diversos incentivos perversos para la corrupción. Los empleados públicos con un horizonte laboral limitado por la incertidumbre de las próximas elecciones son más propensos a aceptar o a solicitar sobornos a cambio de tratos de favor que los empleados públicos con un contrato estable. En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría del mundo occidental, donde los políticos locales están forzados a tomar decisiones junto a funcionarios que estarían dispuestos a denunciar cualquier sospecha de trato de favor, en España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas.

¿Qué podemos hacer para reducir esta politización? La experiencia de otros países resulta ilustrativa. Por ejemplo, entre finales del siglo XIX y principios del XX muchas ciudades de Estados Unidos presentaban unos niveles de politización y corrupción tan estratosféricos como los reflejados en la película Gangs of New York, donde el gobierno de la ciudad aparece capturado por redes clientelares e incluso criminales. Unos años después, la extensa politización de las administraciones locales -y, de su mano, la corrupción- descendió de forma drástica gracias a reformas institucionales como la sustitución del tipo de gobierno strong-mayor (el tipo de gobierno local que predomina en España, en el cual un solo cargo electo, el alcalde y su mayoría de gobierno, acumula mucho poder) por el denominado city-manager. En esta nueva forma de gobierno, los cargos electos retienen la capacidad legislativa, pero el poder ejecutivo pasa a manos de un directivo profesional nombrado por una mayoría cualificada de concejales y por un periodo de tiempo no coincidente con el ciclo electoral, reduciendo así el grado de dependencia política.

Este tipo de gobierno, o variantes del mismo, ha sido adoptado en las administraciones locales de los países occidentales que presentan menores niveles de corrupción. En ellos, el partido que gana las elecciones tiene las "manos atadas" a la hora de hacer nombramientos, porque existe un directivo profesional que gestiona la organización administrativa, o bien debe llegar a amplios acuerdos con otras fuerzas políticas, incluyendo con frecuencia a las de la oposición, para nombrar a cargos públicos. En general, se trata de buscar mecanismos institucionales para que se seleccionen empleados públicos cuya continuidad en el cargo dependa de su competencia o mérito y no de su lealtad política.

Es importante subrayar que el nivel de competencia de los empleados no es sinónimo de lo que tradicionalmente se interpreta como sistema de mérito en España; es decir, unos funcionarios públicos seleccionados mediante oposiciones y con una plaza "en propiedad" de por vida, con independencia de su rendimiento. La evidencia empírica nos muestra que no es necesario tener una administración repleta de funcionarios para reducir la corrupción. Por ejemplo, los dos países menos corruptos del mundo en 2008, Suecia y Nueva Zelanda, eliminaron hace años el estatus funcionarial para la gran mayoría de sus empleados públicos, que en la actualidad se rigen por la misma legislación laboral que cualquier trabajador del sector privado.

¿Podemos aspirar en España a unas administraciones más flexibles y eficientes y, a la vez, menos corruptas? El principal obstáculo para ello es que aquí el debate público está atrapado entre dos visiones antagónicas e indeseables ambas. Por un lado, los partidos políticos que, amparándose en la rigidez tradicional de la administración pública, han fomentado instituciones que permiten una alta politización de la administración y, por tanto, generan corrupción. Por otro, los representantes de los cuerpos de funcionarios que abogan por el mantenimiento de un sistema de empleados públicos inamovibles. Quien obviamente paga las ineficiencias derivadas de la politización y de la rigidez administrativa son los ciudadanos.

Aunque esta situación parezca irreversible, la experiencia de otros contextos debe infundirnos optimismo. Cuando activistas como Richard Childs -hombre de negocios y promotor de un tipo de gobierno local basado en directivos profesionales como los existentes en el sector privado- iniciaron su improbable lucha contra la politización y la corrupción que asolaban la mayoría de niveles administrativos en Estados Unidos hace ya más de un siglo, se enfrentaron a redes clientelares cuyo poder parecía inexpugnable. Sin embargo, triunfaron porque fueron capaces de movilizar los intereses de aquellos que en última instancia generaban la riqueza del país, convenciéndolos de que ésta se estaba malgastando no con malas políticas públicas, sino con malos políticos, o mejor dicho, con la pervivencia de malas instituciones utilizadas por los políticos para sostener sus redes clientelares. ¿Podrá alguien en España movilizar esos intereses?

Víctor Lapuente Giné es profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia)



SIGUE...

el escándalo de Bankia, la crisis bancaria y la necesidad de expropiar la banca. Felipe Alegría


No sólo Bankia, es el conjunto del sector bancario español, “Nacionalizar” las perdidas y salvar a los banqueros o expropiar la banca y encarcelar a los ladrones.
El 23 de mayo Guindos, el ex representante de Lehman Brothers y hoy ministro de Economía, anunció en el Congreso de Diputados que el Gobierno iba a desembolsar todo el dinero público que hiciera falta para asumir las pérdidas privadas de BFA/Bankia. Dos días después, el nuevo presidente de Bankia, Goirigolzarri, al mismo tiempo que nombraba un consejo de administración compuesto por grandes empresarios, ha pedido una inyección de 19.000 millones. Una cantidad que se añade a los 4.500 millones ya derretidos en el mismo fin. Es una verdadera montaña de dinero público que alcanza los 24.000 millones de euros, con los que pretenden “sanear” Bankia, para luego privatizarla.
Es una cantidad que, ella sola, supera de largo la que Guindos había anunciado hace sólo 15 días para “rescatar” a todo sector bancario. Un importe dos veces y media mayor que los 10.000 millones de brutales recortes a la Sanidad y la Educación previstos para este año. Así pues, para “socializar” las pérdidas privadas de Bankia se ponen 24.000 millones; para Salud y Educación se recortan 10.000.

Pero el escándalo Bankia no acaba aquí, porque a esa cifra brutal hay que sumarle aún 28.500 millones de deuda que han sido avalados por el Estado, 40.000 millones de préstamos del BCE (Banco Central Europeo) garantizados por el Banco de España y la garantía estatal de los depósitos de los clientes (una buena parte de los cuales, los pequeños ahorradores, unos 300.000, han sido estafados y muchos arruinados haciéndoles comprar unas acciones que en 10 meses han perdido el 45% del valor inicial y van a acabar no valiendo nada). Estamos hablando, pues, de 250.000 millones de dinero público comprometido en los negocios de BFA/Bankia, es decir, el 25% del PIB español o, lo que viene a ser lo mismo, ¡más de la cuarta parte de la riqueza creada en todo un año!

No es sólo Bankia, es el conjunto del sector bancario español
Pero la cosa va bastante más allá, porque Bankia es la punta del iceberg de la crisis general del sistema financiero español. Éste (con la excepción de los debilitados Santander y BBVA -la mitad de cuyo negocio está en Latinoamérica- y también quizá de La Caixa) se encuentra de hecho en quiebra, aunque esté enmascarada porque los activos bancarios están valorados a precios inflados y no reales. Y no estamos hablando sólo de los “activos tóxicos” del ladrillo, sino de préstamos multimillonarios concedidos a grandes empresas españolas como ACS (la que preside Florentino Pérez), que está de hecho en quiebra técnica y tiene una deuda de ¡14.000 millones de euros!. Las agencias de calificación acaban de colocar al nivel de “bono basura” al Banco Popular y Bankinter. Y en breve tendremos las “valoraciones” encargadas a las consultoras privadas Oliver Wyman (americana) y Roland Berger (alemana), que anunciarán nuevos y grandes agujeros.

Pero los bancos españoles son también grandes deudores de los bancos alemanes y franceses, que se forraron concediéndoles préstamos masivos en la época del ladrillo. En realidad, si la banca española no ha “colapsado” –en palabras de Mario Draghi- es porque ha utilizado la llamada “barra libre” del BCE y ha tomado prestados de ésta nada menos que 300.000 millones de euros, que le han servido para atender sus deudas con los bancos europeos y para hacer un pingüe negocio a costa del erario público (tomando dinero del BCE al 1% y comprando deuda pública al 5-6%: ¡Cientos de millones sólo por un cambio de manos contable!).
Un atraco en masa a la población.

Para los gobiernos sólo hay una prioridad: salvar a los bancos y preservar el dominio parasitario del capital financiero. Por eso organizan el mayor atraco en masa en muchas décadas, “nacionalizando” las pérdidas multimillonarias de la banca y convirtiéndolas en Deuda  pública que cargan con salvajismo sobre las espaldas de la población trabajadora, mediante una espiral sin freno de planes de austeridad que conduce a imponernos un retroceso histórico de décadas en los servicios públicos, en los salarios y las pensiones, en las condiciones generales de vida y trabajo.

Este atraco se acompaña, además, de la mayor impunidad y desvergüenza. Así, sólo en 2011, la directiva de Bankia cobró 32 millones, de los cuales 11 fueron para el trío dirigente y de ellos más de 5 para Rodrigo Rato, al que ahora indemnizan, encima, con 1,2 millones, una fortuna a la que hay que añadir comisiones, “bonus” y aportaciones millonarias a fondos de pensiones. (Por cierto, ¿dónde estaban los consejeros del PSOE, IU, CCOO y UGT que cobraban sus retribuciones y no abrieron la boca ante este latrocinio?) También hemos sabido que este 22 de mayo la Audiencia Nacional, en clara complicidad con la familia Botín, ha archivado la causa por delito de fraude fiscal por ocultar 2.000 millones de euros en cuentas secretas en Suiza y defraudar a Hacienda. Son simples botones de muestra de una situación absolutamente generalizada de abusos y latrocinio de los directivos de bancos y cajas durante todos estos años y en la actualidad.

Pugna entre los grandes bancos europeos y españoles para quedarse con la tajada.

En el atraco al pueblo trabajador coinciden todos, los banqueros alemanes, franceses y españoles y sus gobiernos, pero no ocurre lo mismo a la hora de determinar quién será el beneficiario de la crisis bancaria, el pez grande que se comerá al chico. Es aquí donde chocan de  frente los grandes bancos españoles (Santander, BBVA, La Caixa), apoyados por el Gobierno (y el PSOE) y los grandes bancos alemanes y franceses, apoyados por Merkel y Hollande, así como por la UE y el BCE, que son, ante todo, instrumentos al servicio de los imperialismos centrales europeos. Por eso han impuesto que sea el BCE quien “tutele” la reestructuración bancaria y chantajean con la subida de la prima de riesgo y el coste insoportable de la Deuda española, para forzar que el rescate de la banca española sea con fondos europeos que ellos controlan e imponer sus condiciones.

“Nacionalizar” las perdidas y salvar a los banqueros o expropiar la banca y encarcelar a los ladrones.

Frente al atraco y la pugna entre bandidos, los trabajadores tenemos que plantear nuestra propia alternativa, empezando por oponernos frontalmente a la “socialización” de las pérdidas privadas de de los bancos y cajas.

El Estado no debe poner ni un solo euro público para salvar a los ladrones de Bankia ni de ninguna otra entidad bancaria, ni tampoco para garantizar a la banca europea la devolución de los préstamos que concedió a los bancos en quiebra. Por el contrario, hay que expropiar toda la banca, al completo y no sólo a los que están en quiebra, y hacerlo sin socializar las pérdidas y sin indemnizar a ningún gran accionista. Por el contrario, los responsables de las quiebras y operaciones fraudulentas deben devolver el dinero, respondiendo con su patrimonio y pagando con la cárcel el latrocinio cometido. A los pequeños accionistas arruinados, a los pequeños depositantes y ahorradores, en cambio, se les deben garantizar escrupulosamente sus cuentas. Del mismo modo, se debe asegurar crédito barato y en condiciones para las pymes. Asimismo, la montaña de pisos vacíos en manos de la banca debe ser la base de un parque público de viviendas de alquiler social.

Hay que expropiar la banca porque es la que concentra en sus manos el dominio real de la economía y es imposible, por tanto, dar un solo paso serio para resolver la crisis mientras la banca siga en manos de financieros sin escrúpulos que parasitan con el mayor descaro la riqueza social. Hay que expropiar los bancos y crear un sistema unificado de inversiones y créditos, bajo control de los trabajadores y el movimiento popular, que permita acabar con el desempleo y reorganizar la economía en beneficio de la inmensa mayoría.

IU habla de unificar las cajas que han sido rescatadas con dinero público y crear con ellas una banca pública, cuyos futuros beneficios contribuyan a financiar las necesidades sociales. Esto, por supuesto, se haría en paralelo a la gran banca privada, cuya propiedad no se tocaría en absoluto. Pero así, además de justificar con palabras bonitas la socialización de las pérdidas, no puede solucionar nada en serio, porque mientras no se expropie a los grandes bancos, los resortes de la economía continuarán en sus manos y enfrentados a los intereses de la gran mayoría.

PARA PARAR LOS RECORTES, LO PRIMERO ES SUSPENDER EL PAGO DE LA DEUDA PÚBLICA A LOS BANQUEROS E INICIAR UNA AUDITORIA PUBLICA QUE DESVELE LA VERDAD.

La deuda pública no es en el fondo otra cosa que la conversión de la deuda privada capitalista en una deuda asumida por el Estado para que la paguemos el pueblo trabajador. Este es directamente el caso de la deuda originada para el “rescate” de los bancos, una de las grandes fuentes de la deuda pública, que ahora se va a ver escandalosamente incrementada para “nacionalizar” a nuestra costa las pérdidas de Bankia y del resto de entidades bancarias.
La deuda pública es la razón que alegan los gobiernos para justificar los planes de ajuste o, lo que es lo mismo, para imponer un retroceso histórico en servicios públicos, salarios y condiciones de vida.

Una deuda antidemocrática, ilegítima e inmoral.

Pero es una deuda antidemocrática, porque se ha contraído completamente de espaldas al pueblo. Y es también una deuda ilegítima e inmoral, porque se ha contraído contra los intereses de la población, y su pago se hace a costa de un gravísimo deterioro de la vida colectiva, del empobrecimiento general y del ensañamiento contra los colectivos más desprotegidos.

Es una deuda que viene de los miles y miles de millones dedicados a salvar a los banqueros y de las enormes inversiones en infraestructuras totalmente injustificadas y deficitarias (AVE, aeropuertos, autopistas y obras faraónicas), que sólo se explican por el beneficio que han sacado  de ellas las grandes constructoras, los proveedores extranjeros y una red de corrupción política generalizada. Es una deuda que viene de la financiación de misiones militares en el exterior y de comprometer enormes y carísimas partidas de armamento no se sabe bien para defender qué. Viene de pagar grandes gastos parasitarios como los de la iglesia católica, la monarquía o los privilegios desorbitados de los políticos profesionales y altos cargos. Viene de un sistema fiscal en el que los ricos pagan muy pocos impuestos y las grandes fortunas y empresas los evaden en masa, como han denunciado los inspectores de Hacienda. Es una deuda que crece más y más por la carga de intereses usureros de la que se benefician banqueros y fondos de inversión.

No es extraño que en el mismo momento en que Guindos anunciaba más deuda pública para “salvar” a Bankia, Botín y su familia fueran exculpados de fraude fiscal por la Audiencia Nacional, que saliera a la luz el comportamiento corrupto del presidente del Supremo, Dívar, con sus “semanas caribeñas” de lujo en Marbella a nuestra costa, o la “inauguración” de un tramo de autopista en Lleida en medio de ninguna parte, o la corruptela del hospital de Sant Pau en Barcelona.

El dinero para los servicios públicos, suspender los pagos de deuda a los banqueros, auditoría pública de la deuda para desvelar la verdad.

No es cierto que no haya dinero para los servicios públicos. El dinero existe. El problema es que, simplemente, en lugar de destinarlo a ese fin, los gobiernos desmantelan dichos servicios para pagar la deuda a los banqueros y fondos especulativos. Pero no podemos permitir que sigan adelante, destruyendo día tras día y sin darnos descanso, nuestros derechos fundamentales en beneficio de una ínfima minoría.

Esta espiral infernal debe ser frenada y para ello debemos imponer una primera medida: la suspensión inmediata de los pagos de la deuda a los banqueros, españoles y extranjeros, de manera que garanticemos que los dineros públicos se destinen a financiar los servicios públicos. La segunda medida, ante los múltiples indicios de ilegitimidad y fraude de la deuda, es poner en marcha una Auditoría pública, bajo control popular, que desvele la verdad. ¿Acaso cuando tenemos que pagar una factura, y más cuanto más elevado es su importe, no nos aseguramos de que no nos están engañando? Queremos una Auditoría que nos diga de dónde surge la deuda, cómo se ha contraído y quiénes son sus responsables y beneficiarios, que establezca los elementos de prueba para juzgar y castigar a los responsables de delitos económicos y de la violación de derechos sociales básicos y que fundamente su repudio y la exigencia de reparación de los daños causados.

Articulo publicado en Página Roja, publicación mensual de Corriente Roja / Corrent Roig.

*

“Las desigualdades sociales no responden a causas biológicas o genéticas, sino a una mala distribución de la riqueza, por lo que reducir las desigualdades es un imperativo ético."



LUIS EDUARDO AUTE



LA BELLEZA
ÁLBUM: Auterretratos Vol. 1 (2003)



  enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón
y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo más alto
pondrá a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto
la belleza...

míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
ideologías de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos porque nos deslumbre
su parásita ambición.
antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
más que náusea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza...

y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
y ahora que no quedan muros
ya no somos tan iguales,
tanto vendes, tanto vales,
¡viva la revolución!
reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada

la belleza...