Hoy lo oiremos y lo leeremos repetido montones de veces y pasa año tras año. Pero por mucho que se diga, la noche de San Juan no es la más corta del año. Y en cualquier caso tendríamos que especificar que hablamos de la noche más corta en el hemisferio norte.
La noche más corta del año se corresponde con la de aquel día en la que el SOL pasa más tiempo sobre el horizonte, lo que sucede en junio en el hemisferio norte y en diciembre en el hemisferio sur. Es el día del solsticio de verano, que por convención marca el principio de esta estación y, que si en el hemisferio norte ocurre en junio, en el hemisferio sur lo hace en diciembre. El inicio del verano, en el hemisferio norte, puede darse, a lo sumo, en tres fechas distintas del calendario vigente, del 20 al 22 de junio. En 2015, por ejemplo, se produjo el 21 de junio a las 18:38 según la hora de Europa Central, que es la que se usa en España, mientras que en 2016 se producirá el 21 de Junio a las 00:35.
A lo largo del siglo XXI el verano –insisto, en el hemisferio norte– se iniciará en los días 20 o 21 de junio según fecha oficial española, siendo el inicio más tempranero del siglo el del año 2096, pues ocurrirá a las 8:34 del 20 de junio, y el inicio más tardío fue el de 2003, pues el verano entró a las 21:12 del 21 de aquel año. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que encaja la secuencia de años según el calendario gregoriano con la duración de cada órbita de la TIERRA alrededor del SOL, el año trópico. El calendario juliano, al que sustituyó el gregoriano, consideraba que el año trópico estaba constituido por 365,25 días, cuando su duración real es de 365,242189, lo que suponía un desfase de un poco más 11 de minutos al año, de tal forma que para 1582, cuando se instituyó el calendario gregoriano, el desfase era ya tal que el solsticio de verano de aquel año cayó en el 12 de junio.
El calendario gregoriano, además de recuperar los 10 días perdidos, ajusta la duración del año a 365,2425 días y también cambió la norma de los años bisiestos, que en lugar de cada cuatro años como en el juliano hace que se exceptúen los años múltiplos de 100, a excepción de los años múltiplos de 400, que sí son bisiestos.
Así que por eso baila un poco la fecha en la que cae el principio del verano y la noche más corta del año. Pero desde que está en uso el calendario gregoriano nunca será la noche de San Juan, por mucho que nos empeñemos en decirlo.
Lo que sí es cierto es que al principio de nuestra era, antes de que se aplicara la corrección del calendario gregoriano, el solsticio de verano sí podía caer en el 23, 24, o incluso el 25 de junio, de ahí el origen de la confusión.
Por cierto, es lógico pensar que el día más largo del año es también el día en que el SOL sale más pronto y se pone más tarde, pero en realidad no es así.
Nuestros relojes están ajustados a un día solar medio, pero al ser la órbita de la TIERRA elíptica su velocidad va cambiando a lo largo del año, así que hay un cierto desfase entre las horas que marca el reloj y la posición del Sol.
En 2015 en España el día en que el Sol salió más pronto fue el pasado 14 de junio, mientras que el día en que el Sol se pondrá más tarde será el 28 de junio.
Por Wicho en: http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/no-la-noche-de-san-juan-no-es-la-mas-corta-del-ano.html
El solsticio de verano ha estado estrechamente relacionado con el mundo místico y seres sobrenaturales. Pero no hay nada mejor que celebrar la llegada del verano con música.
Un ritual con dos súper naturales.
SUMMERTIME
Música: George Gershwin Letra: DuBose Heyward, Dorothy Heyward e Ira Gershwin. "Porgy&Bess"
Para entender el cine lo mejor que puede hacerse es leer “El manifiesto
de las siete artes” del italiano Riccioto Canudo. La colección azul de
Cátedra lo editó dentro de una antología titulada Textos y manifiestos
del cine.
¿Qué dice, en pocas palabras, el manifiesto mencionado? ¿Qué es
el cine? ¿Podemos definirlo en esta era que le huye a las definiciones,
que las relativiza todas? Por lo menos podemos decir, con El
manifiesto, que el cine es el séptimo arte. Sí, es el lugar común de la
definición, pero va a esto: el hombre, en su instinto de no dejar
escapar el mundo, finge la realidad de dos maneras: temporal y espacial.
Las artes espaciales (arquitectura, pintura, escultura) contienen u
ocupan las tres dimensiones que conocemos. Las temporales (danza,
música, literatura) pretenden registrar, modificar, iluminar el paso del
tiempo. El cine finge la realidad de ambas maneras. Sintetiza los
dos tipos de artes. Reúne a la arquitectura, a la pintura, a la
escultura, a la danza, a la música, a la literatura en una sola pantalla
que ocurre en el tiempo. Canudo hablaba, por eso, de un séptimo arte.
Cuando él lo decía sonaba menos tonto que ahora. Él lo decía por primera
vez. Estaba fascinado con el nuevo invento, una máquina llamada cámara
que durante muchos años (el manifiesto aparece en 1914, casi veinte años
después de la famosa primera proyección organizada por la familia
Lumiére), durante mucho tiempo fue vista como un instrumento de
laboratorio, una ayuda para el necesitado mundo de la ciencia.
Quería,
Canudo, hacer caer en cuenta a los hombres de ese nuevo siglo, el siglo
pasado, que todo estaba cambiando. Que el planeta, en un par de años,
sería otro planeta por cuenta de ese arte que ponía en juego todos los
sentidos, y, de paso, reunía a la gente alrededor de una nueva fe: la fe
en el movimiento.
Gregorio Sánchez
La pintura es un catálogo histórico, una puerta hacia la inspiración que ayuda y ha ayudado al cine a recrear momentos o personajes trascendentales para el hombre. Y en esta dirección, muchos son los cineastas que han tenido en cuenta la pintura o a pintores a la hora de realizar algunas de sus obras. A veces, las películas estaban inspiradas completamente en composiciones pictóricas de grandes maestros de la pintura, como si de cuadros vivientes (tableaux vivants) se trataran. Esto es lo que hace Luchino Visconti, que durante un tiempo pareció interesarse por la historia de Italia con películas como Senso (1954) o El Gatopardo (1963). Se inspiró en la manera de pintar de los artistas italianos de mediados del siglo XIX como Giovanni Boldini, Francesco Hayez, Giovanni Fattori, Silvestre Lega, Cristiano Banti o Telémaco Signorini, para ambientar los planos generales de influencia histórica que sirven de escenario a sus elaborados melodramas, para recrear vestuarios de época o incluso añadir metáforas a través de la pintura diegética. Pier Paolo Pasolini era un apasionado de la expresión figurativa, usaba las pinturas religiosas italianas medievales de Giotto, Pontormo, Masaccio, Piero della Francesca, y del renacimiento pinturas de Caravaggio, El Greco o Velázquez, para sus películas. El evangelio según San Mateo (1964) y el cortometraje La Ricotta (1963), son algunos ejemplos. El revolucionario director francés Jean-Luc Godard se sirve de la pintura para destacar los poderes del cine en muchas de sus obras, donde sobresale Pasión (1982). Esta película está repleta de referencias pictóricas clásicas de grandes maestros como Goya, Ingres, Rembrandt o Delacroix. Domingo de Carnaval (1945) de Edgar Neville, Stanley Kubrick con su película Barry Lyndon (1975), e incluso James Cameron en su película Avatar (2009), utilizan la pintura como arte de inspiración. Nicolás Gómez cinercia.es
Música: George Gershwin
Letra: Ira Gershwin
"I Got Rhythm" se ha convertido en un estándar de jazz. Su progresión de acordes, conocida como "rhythm changes", es la base para otras muchas composiciones de jazz, como el tema de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, Anthropology (Thrivin' From a Riff).
La canción se compuso para el musical Girl Crazy, que también incluía otros temas que se convirtieron en estándares, como "Embraceable You" o "But Not For Me", y ha sido interpretada por un gran número de artistas de jazz. Fue escrita originalmente como una canción en tempo lento para Treasure Girl (1928) y más tarde incorporada a Girl Crazy. La canción se convirtió en parte importante de la banda sonora de la película musical "Un americano en París", interpretada por Gene Kelly, que la bailaba además en claqué.
"Todo nos conduce de manera inevitable hacia un final apoteósico.Uno de los homenajes definitivos que el cine le ha hecho a la pintura, la danza y la música en general: «con la apoyatura sonora de Gershwin, los lienzos de Van Gogh suceden a los deRenoir, y los de Toulouse-Lautrec a los de Rousseau, en un endiablado torbellino de formas, sonidos, actitudes, luces, volúmenes y manchas de color. Los escenarios –asombrosamente cambiantes– se llenan y vacían de un pueblo festivo y vital, un pueblo de soldados y bailarines, de hombres que transitan casi mecánicamente por la Plaza de la Concordia de Dufy, se alegran con el exotismo luminoso del “Zoo” de Rousseau, o se impregnan del lirismo sosegado y umbroso del “Muelle de las Flores” de Renoir. Penetramos el encanto viejo del Montmartre de Utrillo, en tanto que el guignol tiene un fugaz recuerdo para los clowns de Rouault y la fachada de la Opera se ilumina, de noche, mientras surcan el cielo las retorcidas quimeras de Van Gogh. El “Moulin Rouge” de Toulouse-Lautrec descubre la espesa voluptuosidad de sus entrañas para que Gene Kelly se transforme en un frenético Valentin le Desosé, ante la mirada vigilante de Aristides Bruant"
Joan Munsó Cabús (1997): El cine musical de Hollywood, Vol. II (1945-1997). Ediciones Film Ideal.
"La imagen pintada transforma lo ausente –porque sucedió lejos o hace mucho tiempo- en presente. La imagen pintada trae aquello que describe el aquí y ahora. Colecciona el mundo y lo trae a casa. Por ejemplo, Turner cruza los Alpes y trae consigo una imagen de la imponencia de la naturaleza. La pintura colecciona el mundo y lo trae a casa y solo puede hacerlo porque sus imágenes son estáticas e inmutables.
En el cine, en cambio, las imágenes están en movimiento. El cine nos transporta desde el lugar en que estamos hasta la escena de la acción. La pintura nos trae a casa. El cine nos lleva a otra parte".
Cada vez que decimos adiós
John Berger
Cine y pintura conforman una entrañable relación, una viaje de ida y vuelta constante, donde el cine ha buscando su inspiración en el lenguaje pictórico, tanto en la forma como en el color. El estudio de esta relación tan entrañable e imprescindible es lo que propone el profesor Rafael Cerrato en este excelente trabajo de investigación y análisis que es “Cine y pintura”. Desde que el cine es cine, es decir cuando los hermanos Lumière dieron vida a las primeras imágenes cinematográficas, en las postrimerías del siglo XIX, se puso en evidencia la íntima relación entre la pintura y el naciente arte. Una relación que Rafael Cerrato trata en este trabajo con el doble conocimiento del entendido en artes plásticas y el entendido en cine. Tal como escribe el autor en la introducción “este libro pretende hacer su aportación en el esclarecimiento del crucial influjo que la pintura ha ejercido sobre el cine desde su epifanía”, algo que consigue Rafael Cerrato de forma magistral a través de una primera parte en la que comenta y resume las investigaciones más interesantes llevadas hasta la fecha sobre el tema, y que bajo el título de “Teoría y praxis: Relación cine-pintura”, disecciona en tres apartados, los antecedentes con mención de los primeros investigadores que desde la década de los veinte empezaron a estudiar la relación entre ambos medios de expresión para, tras pasar a las teorías actuales, con directas referencias a dos cineastas españoles como José Luis Borau y Víctor Erice, poner el ejemplo de Los Nibelungos, que Fritz Lang dirigió en 1924, donde quedan de relieve las muchas influencias pictóricas que hay en la película.
La segunda parte, de indudable interés para los cinéfilos españoles, está dedicada a “La relación cine-pintura en la cinematografía española”, con una relación de las películas españolas que, de una forma u otra, han estado influidas por la pintura. Un listado imprescindible para entender y profundizar en esta relación entre la pintura y el cine español, al que sigue, como no podía ser de otra manera, un apartado dedicado a “La imagen de Goya en el cine de ficción español”, quizás el pintor español que más ha influido entre nuestros cineastas.
El brillante trabajo de Rafael Cerrato se cierra con un estudio en profundidad sobre “Un caso especial: El cine de Víctor Erice”, el cineasta español que mejor ha sabido captar la poética de la pintura en su cine. Un trabajo que complacerá tanto a los cinéfilos como a los amantes de las artes plásticas porque Rafael Cerrato ha investigado a fondo un fundamental aspecto del cine muy poco tratado por los historiadores y ensayistas españoles.
Coincidencias, inspiraciones y homenajes. (Una pequeña muestra)
En su búsqueda insaciable de historias, el cine ha encontrado en los grandes genios de la pintura una auténtica mina. El Hollywood clásico de los años 50 plasmó, precisamente, la vida de dos de los más populares exponentes del arquetipo de genio loco: Henri Toulouse-Lautrec y Vincent Van Gogh.
John Huston dirigió en 1952 "Moulin Rouge" y Vincente Minelli, en 1956, "El loco del pelo rojo", dos melodramas con interpretaciones estelares de sus protagonistas. En uno se lucía José Ferrer, por su interpretación de Toulouse-Lautrec. En el otro Kirk Douglas, por la de Van Gogh.
Desde la independencia del cine de autor se ha homenajeado a grandes genios de los pinceles. Es el caso de "Pollock, la vida de un creador" (2000), proyecto personal del actor Ed Harris que debutaba en la dirección para llevarlo a cabo. El mismo Harris interpreta el papel de Pollock, el artista más influyente de su generación y una de las figuras centrales de la cultura americana.
Otro ejemplo es "El amor es el demonio" (1998), película sobre Francis Bacon a cargo del cineasta experimental británico John Maybury.
En los últimos años en el afán por conseguir un mejor “cine de pintores” se ha querido unir la calidad del cine independiente y la accesibilidad del cine comercial. Es así como se han estrenado, con gran éxito de público, títulos como "Frida" (Julie Taymor, 2002), o la adaptación del best-seller "La joven de la perla" de Peter Webber en 2003.
Pero una de las más recientes es "Klimt" (2006), protagonizada por John Malkovitch. Exhibida en poquísimos cines, retrata las andanzas del artista austríaco Gustav Klimt, cuyos suntuosos y eróticos cuadros marcaron el estilo Art Nouveau de finales del siglo XIX y principios del XX.
La vida atormentada y el deslumbrante mundo pictórico de "El Greco" (Iannis Smaragdis, 2007), es el argumento de una película. largometraje, protagonizado por Juan Diego Botto y el británico Nick Ashdon, se basa en la vida del pintor Doménikos Theotokópoulos, universalmente conocido como El Greco (1541-1614), y es la primera coproducción cinematográfica hispano-griega. La película está basada en una novela de Dimitris Siatopoulos, e incurre en múltiples errores históricos tanto sobre la biografía del artista y otras cuestiones de la época.
Más películas sobre pintores:
Rembrandt (Alexander Korda, 1936) Caravaggio, el pintor maldito (Goffredo Alessandrini, 1941)
The Moon and Sixpence (Albert Lewin, 1942) -Paul Gauguin-
Utamaro y sus cinco mujeres (Kenji Mizoguchi, 1946) El misterio Picasso(Henri-Georges Clouzot, 1955) Los amantes de Montparnase (Jacques Becker, 1957) -Amadeo Modigliani- El tormento y el éxtasis (Carol Reed, 1965) -Miguel Ángel-
El Greco (Luciano Salce, 1966) Historia de una soledad(Nino Quevedo, 1970) -Francisco de Goya y Lucientes-
Sobrevivir a Picasso (James Ivory) 1996 Toulouse-Lautrec (Robert Planchon, 1998)
Goya en Burdeos (Carlos Saura, 1999) Modigliani (Mick Davis, 2004) La Ronda de noche (Peter Greenaway, 2007) -Rembrandt Harmenszoon van Rijn-
Mr. Turner (Mike Leigh, 2014) -Joseph Mallord William Turner-
Los sueños de Akira Kurosawa (Akira Kurosawa, 1990) Yo disparé a Andy Warhol (Mary Harron, 1996) Volavérunt (Bigas Luna, 1999) Los fantasmas de Goya (Milos Forman, 2006)
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Eleanor Rigby fue escrita principalmente por Paul McCartney pero acreditada a Lennon/McCartney. Con un doble cuarteto de cuerdas orquestado por George Martin y la llamativa letra sobre la soledad, la canción hizo continuar la transformación del grupo, principalmente en el Pop, haciendo ver una banda de estudio más seria y experimental.
El sello distintivo de Martin aparece en muchas canciones de los Beatles, sus arreglos musicales en Eleanor Rigby estuvieron influenciados por la música que compuso Bernard Herrmann para la película Psicosis de Alfred Hitchcock.
Una imagen icónica del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos
Llamada "The Problem We All Live With", la pintura de Norman Rockwell está inspirada en la experiencia de Ruby Bridges, una niña de seis años en su camino a una escuela pública de blancos en Nueva Orleans el 14 de noviembre 1960 durante la proceso de eliminación de la segregación racial, asistiendo a su primer día de clases en la William Franz Elementary School. Hasta ese momento, los niños blancos y los de color debían asistir a escuelas diferentes, a pesar de que la corte suprema había eliminado esa segregación en un fallo de 1954.
Los tribunales habían ordenado que la escuela fuera integrada (escuelas en las que conviven
personas de distintas razas); ciertos elementos dela comunidad deseaban lo contrario. A partir de ese día, los padres de los niños blancos retiraron a sus hijos de la clase de Ruby y no fue hasta fin de año que regresaron algunos. Debido a las amenazas y a la violencia contra ella, fue escoltada por cuatro agentes judiciales de Estados Unidos; la pintura se enmarca de manera que las cabezas de los policías se cortan por los hombros. En la pared, detrás de ella, está escrito el insulto racial "negro" y un tomate roto tirado también es visible. Esta pintura enaltece la obra humana de esta pequeña de seis años, que hizo historia con su sufrimiento. Ésa es la fuerza y la historia de la pintura: cuatro hombres escoltaban a Ruby Bridges a la escuela, sí, pero el punto es que era EEUU acompañándola. El cuadro nos dice: ese país puede tener sus defectos, pero cuando lo correcto y lo equívoco están en juego, al final, normalmente elige lo correcto.
NORMAN PERCEVEL ROCKWELL
3 de febrero de 1894, Nueva York.
8 de noviembre de 1978, Stockbridge
* Doris Day & André Previn trío (Close your eyes)
Norman Rockwell, ilustrador y pintor norteamericano célebre, por sus imágenes llenas de ironía y humor.
Su infancia fue feliz, viajando y pasando los veranos en Nueva Jersey junto con su familia. Desde pequeño dio muestras de un gran talento para el dibujo, comenzando con unos acorazados que gustaron mucho a los niños de su localidad. Alrededor de 1908 descubre que su verdadera vocación es, definitivamente, la ilustración, y por ello asiste todos los días desde ese año a las clases de arte de la Chase School en Manhattan.
A los quince años, abandona definitivamente los estudios para ir a la National Academy School, donde hacía copias de vaciados en yeso, costumbre propia de muchos artistas del siglo XIX, a modo de aprendizaje.
En 1910, Rockwell se trasladó a la Art Students League, donde aprendió anatomía e ilustración, perfeccionando sus conocimientos previos, con maestros como George Bridgman o Thomas Fogarty.
Sin embargo su carrera se verá para siempre inmortalizada por su empleo como ilustrador oficial del Saturday Evening Post, una revista de actualidad y sociedad; su primera portada data de 1916; Norman Rockwell trabajó para esta revista hasta 1963. Sus portadas, anuncios, ilustraciones y demás publicidad han sido repetidas e imitadas hasta la saciedad, símbolo del típico ilustrador virtuoso norteamericano: hizo publicidad para McDonald's o Coca-cola, cereales, chicles, neumáticos, etc.
Rockwell reconocía al también gran ilustrador Joseph Christian Leyendecker como influencia e inspiración y así lo menciona en su autobiografía My Adventures as an Illustrator (Mis aventuras como ilustrador). Rockwell fue también amigo personal de Leyendecker.
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Las primeras obras de Norman Rockwell tienen un profundo sentido anecdótico; proliferan, durante principios de siglo y los primeros años veinte y treinta, las obras que representan a niños en diferentes actitudes, siempre enfatizando los detalles propios del carácter de los niños: corriendo, burlándose de otros, tomando el desayuno, yendo a la escuela o jugando al béisbol. Plasmando pequeños conflictos de forma simpática o estampas habituales de la vida común, en ocasiones, tan tiernas, que piden postal. Lo que se denominaría su etapa Tom Sawyer, dedicada a retratar el mundillo de la infancia americana, siempre recalcando su inocencia.
Época en que ilustra una edición de Las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn de
Mark Twain. En torno a los años treinta y cuarenta, es decir, en la preguerra y durante la misma, se dedicó a temas relacionados con el mundo del cine, tratando de mantenerse alejado de todo clima apocalíptico, sin embargo, dedicó un cuadro de carácter publicitario pro soldados americanos, haciendo así, un llamamiento público para apoyar a los soldados. El resto de su obra en estos veinte años oscila en el plasmado de la sociedad norteamericana de entonces y sus convenciones sociales, y otros momentos concretos a los que la llegada del cine sin duda ayudaron a forjar, como "Un golpeador de primera" (1941, "Los flirteadores" o "Chica leyendo el Post", ambos de 1941 también.
Precisamente, en torno a los años 40, comienza también una corriente adicional
en la temática rockwelliana, al asumir un compromiso social.
"Gossip" (Rumor)
Durante estos años, Rockwell también profundizó en un tipo de representaciones que cada vez ganaron mayor significación en su obra global, como los dedicados a la crítica social o a ensalzar ciertos valores o virtudes del pueblo norteamericano y de la raza humana en general. Algunos de sus trabajos respiraban cierto aire patriótico, valor por entonces tenido muy en cuenta debido a la entrada de Estados Unidos en la guerra, como sucede con "La lealtad del Boy Scout", de 1942.
De esta convulsa época destaca su serie de "Libertad", formada por varios cuadros: "Libertad de la necesidad", de 1943, que representa a una familia reunida en torno a una mesa el día de Acción de Gracias, "Libertad de expresión", del mismo año, "Libertad del miedo" y por último, "Libertad de culto", considerada por muchos su obra maestra, plena en emoción, detalles y solemnidad.
Ya en la década de los 50 y 60, Rockwell volvió a sus temas amables y tiernos, representando imágenes navideñas, familias reunidas, viajes familiares en automóvil, interiores de tiendas o barberías, heladerías con niños, imágenes de lo cotidiano.
Con la llegada de Kennedy, Rockwell, comenzó a abogar por la multiculturalidad, la integración y la defensa del más débil y el apoyo a los negros, quedando patente su pasión por la defensa de los derechos humanos.
Incluso hizo algunas obras repletas de ironía, como "El entendido", de 1962, donde representó a un hombre de espaldas observando con pose afectada un cuadro perteneciente al Expresionismo abstracto, propio de pintores como Pollock, por los que Rockwell se sentía atraído. El hecho de que Rockwell supiera representar la realidad con una maestría increíblemente precisa, hacía contraste con sus obras de carácter expresionista, las cuales realizaba tanto a modo de burla como de estudio.
Fueron llegados ya mediados de los 60 y principios de los 70, cuando Rockwell recuperó su punto mordaz y crítico con la sociedad: los cambios políticos que entonces sufrió Norteamérica, entre ellos los de la integración de los negros, la lacra del racismo y la investidura del presidente Kennedy, fueron tomados e interpretados por Rockwell, quien siempre abogó por la multiculturalidad, la integración y sobre todo, la defensa del débil y el apoyo a los negros perseguidos o insultados: de este período destacan obras impactantes como "El problema con el que convivimos todos", de 1964, donde representa con delicada intensidad a una niña negra que tiene que ir escoltada a la escuela, víctima de los insultos y agresiones de otros ciudadanos; o el magnífico lienzo "La regla de oro", de 1961, donde queda patente su pasión por la defensa de los derechos humanos, su religiosidad y su respeto a todas las razas.
Su talante sereno y profundamente reflexivo le permitió superar todas sus crisis de autoestima., de autoconfianza, pasaba ocasionalmente por hondas crisis de autoconfianza con respecto a su arte, incapaz de sentirse ubicado o integrado entre las corrientes artísticas de entonces; no hay que olvidar que llegado el siglo XX, la ilustración pasó a ser un arte arcaico, y la pintura tradicional o figurativa había olvidado sus raíces; de hecho, Norman Rockwell se quejaba habitualmente de que "nunca iba a poder crear una gran obra, una obra maestra", y que se sentía sobrecogido por otros artistas y comúnmente infravalorado.
Numerosas revistas convirtieron, a través de sus portadas, las ilustraciones de Norman Rockwell, en el álbum familiar de todas una nación, capturando medio siglo de historia, que para bien o para mal, por su carácter de superpotencia mundial, ha influenciado la vida de gran parte del mundo en múltiples ámbitos. Pequeños flashes de inocencia, decencia, empatía, amor al prójimo, rectitud, amor filial y humanismo, que vieron la luz en el mundo fantástico de la paleta de colores de este artista norteamericano.
Rockwell supo plasmar como nadie en sus trabajos, la esencia de la vida cotidiana en los Estados Unidos de América, con una naturalidad y una perspicacia poco comunes. Pequeños momentos del día a día o grandes eventos, del campo y de la ciudad, protagonistas o secundarios de la gran obra de teatro de la vida.
Los tres aspectos que distinguen la obra de Rockwell son:
sus temas, su estética y su humor. En cuanto a su estética, las ilustraciones con las que este artista nos representa su visión de la "american way of life" son realistas, de un cromatismo fuerte, aunque sin estridencias, sin llegar a imponerse decididamente sobre un dibujo minucioso en el detalle.
Sus pinturas son cálidas, plácidas incluso cuando tratan temas polémicos como el conflicto interracial.
Con un acercamiento tan poderoso como sutil a lo que todos entenderían como un "canon" de lo representado, que resulta automáticamente identificativo de lo que nos está contando, que se convierte en una representación arquetípica y casi indicutiblemente ejemplar.
Su triunfo indiscutible en el mundo de la ilustración está vinculado al género de la portada y del cartel, pero Rockwell no tenía absolutamente nada que envidiar a ninguno de los considerados "grandes maestros" de la pintura que cuelgan sus obras en reputados museos.
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George Gershwin Brooklyn, Nueva York, 26 de septiembre de 1898 Beverly Hills, California, 11 de julio de 1937