Mostrando entradas con la etiqueta le testament d'orphée (1959). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta le testament d'orphée (1959). Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de enero de 2016

VIVIR SIN MÁSCARAS







La verdad que nos libera suele ser la que menos queremos escuchar (Anthony de Mello)


Borja Vilaseca 

Se cuenta que un reconocido y anciano catedrático de psicología llevaba décadas investigando acerca de la epidemia de vacío existencial y de sinsentido vital que padecían la mayoría de seres humanos. Si bien solía proyectar ante los demás una imagen de seriedad y seguridad, en soledad reconocía sentirse triste y confundido. No acababa de comprender por qué, a pesar de seguir al pie de la letra todo lo que el sistema le decía que tenía que hacer para lograr éxitos y riquezas materiales, en el fondo de su corazón se sentía tan pobre y vacío. Y así siguió hasta que una mañana entró en una concurrida cafetería y pidió una manzanilla. Seguidamente, la joven camarera cogió una bolsita prefabricada con una mano y un cuenco lleno de ramitas y hojas secas con la otra. Y muy amablemente le preguntó: "¿Cómo la quiere: normal o natural?". Sorprendido, el catedrático señaló el cuenco con hojas secas. Y mientras se estaba tomando la infusión, obtuvo la revelación que llevaba décadas buscando. Se abalanzó sobre la camarera y le dio un sonoro beso de agradecimiento. Entusiasmado, le dijo: "¡En esta sociedad lo normal no tiene nada que ver con lo natural!". Y salió con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera encontrado un tesoro.

La sociedad contemporánea se ha convertido en un gran teatro. Al haber sido educados para comportarnos y actuar de una determinada manera, en vez de mostrarnos auténticos, honestos y libres -siendo coherentes con lo que en realidad somos y sentimos-, solemos llevar una máscara puesta y con ella interpretamos a un personaje que es del agrado de los demás. Si bien vivir bajo una careta nos permite sentirnos más cómodos y seguros, con el tiempo conlleva un precio muy alto: la desconexión de nuestra verdadera esencia. Y en algunos casos, de tanto llevar una máscara puesta, nos olvidamos de quiénes éramos antes de ponérnosla.

Lo cierto es que algunos sociólogos coinciden en que en nuestra sociedad ha triunfado el denominado "pensamiento único". Es decir, "la manera normal y común que tenemos la mayoría de pensar, comportarnos y relacionarnos". Así, al entrar en la edad adulta solemos ser víctimas de "la patología de la normalidad". Esta sutil enfermedad -descrita por el psicoterapeuta alemán Erich Fromm- consiste en creer que lo que la sociedad considera "normal" es lo "bueno" y lo "correcto" para cada uno de nosotros, por más que vaya en contra de nuestra verdadera naturaleza.


LA ELOCUENCIA DE LA VANIDAD 

Dime de qué presumes y te diré de qué careces (refrán popular)

(...) 
Algunos individuos ocultan sus miserias y frustraciones 
tras una fachada artificial que seduzca e impresione a los demás.

 La paradoja es que cuanto más intentamos aparentar y deslumbrar, 
más revelamos nuestras carencias, inseguridades y complejos ocultos. 

De hecho, la vanidad no es más que una capa falsa que utilizamos para proyectar una imagen de triunfo y de éxito. Es decir, la máscara con la que en ocasiones cubrimos nuestra sensación de fracaso y vacío.

Si lo pensamos detenidamente,
 ¿qué es la "respetabilidad"? 
¿Qué es el "prestigio"? 
¿Qué es el "estatus"?
¿Qué tipo de personas lo necesitan? 

En el fondo no son más que etiquetas con las que cubrir la desnudez que sentimos cuando no nos valoramos por lo que somos. En este sentido, ¿qué más da lo que piense la gente? De hecho, ¿quién es la gente? Nuestra red de relaciones es en realidad un espejismo. En cada ser humano vemos reflejada nuestra propia humanidad. Por eso se dice que los demás no nos dan ni nos quitan nada; son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta.

La gente no nos ve tal y como somos, sino como la gente es. O como dijo el filósofo Immanuel Kant, 


"no vemos a los demás como son,
 sino como somos nosotros".
 De ahí que la opinión de otras personas solo tiene importancia si nosotros se la concedemos.



SEGUIR NUESTRA VOZ INTERIOR

"No dejéis que el ruido ahogue vuestra propia voz interior. Ella ya sabe lo que vosotros realmente queréis ser" (Steve Jobs) 

No importa quiénes seamos, qué decisiones tomemos o cómo nos comportemos. Hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores, detractores y gente a quien resultemos indiferentes.

Pero entonces, si nuestras relaciones se sustentan sobre este juego de espejos y proyecciones, 
¿por qué fingimos?
Seguramente por nuestra falta de confianza y autoestima. 

Para cultivar una sana relación de amistad con nosotros mismos, lo único que necesitamos es modificar la manera en la que nos comunicamos con nosotros a través de nuestros pensamientos. Solo así podremos aceptarnos, respetarnos y amarnos por el ser humano que somos, con nuestras cualidades, virtudes, defectos y debilidades.
 Lo demás son comentarios, ruido que hace la gente para no escuchar su propio vacío. 

Lo que está en juego es nuestra libertad para ser "auténticos"; convertirnos en quienes verdaderamente somos, siguiendo los dictados de nuestra propia voz interior. 
Eso sí, 
debido a las múltiples capas de cebolla con las que hemos sido condicionados, 
hoy día ser uno mismo es un acto revolucionario. 









Black Box - Ride on time